Sus ojos afilados color vino se fijaron en el suelo
maltrecho del camino, mientras apretaba las riendas de su caballo, tan oscuro
como su largo cabello, recogido en lo alto de su cabeza. Aunque estaba vestida
con unos pantalones bombachos negruzcos, y por encima de los hombros una larga
capa rojiza, por debajo de esta, se podía ver su pecho de mujer, tapado por un
top de estilo árabe, también negro. Las mujeres no solían luchar en esa época
ni en ese lugar. Pero el sable en su cintura dejaba claro que ella lo hacía. Y
ni si quiera era una don nadie. Había sido reconocida como la líder del clan
más peligroso de ladrones del lugar. Ladrones que luchaban por los pobres, por
darles una vida mejor, y para conseguirlo, robar a los adinerados. La chica,
aun llamándose Yarek, se había buscado el nombre de "Oscura Niebla".
Llamándose a su clan, "El clan de la Oscura Niebla", dándole todo el
poder de liderazgo a ella. Sus ataques solían ser nocturnos, además. Aunque
nunca había hecho alguno a gran escala. Hasta el momento solo habían sido
"tonterías". Pero ese día se iba a enfrentar a los del propio
palacio....
Yarek cerró sus ojos, dejando a la vista sus párpados pintados de violeta oscuro, mientras que con sus pálidas manos se subía un pañuelo que tenía en el cuello, negro también, para taparse parte de su rostro y ahora solo dejar a la vista sus afilados ojos que no tardó en abrir de nuevo, o mejor dicho, entreabrir, fijándolos al frente, y antes de ponerse en marcha, tirando de su caballo. Nadie la seguía, pero eso no significaba que iba a estar sola. Luego daría la señal a los "chicos". De cualquier manera, y aunque fuera sola, tampoco tendría gran problema en matar incluso a una docena de hombres en dos segundos. Habia rumores sobre ella... y sobre sus extraños poderes.
Yarek cerró sus ojos, dejando a la vista sus párpados pintados de violeta oscuro, mientras que con sus pálidas manos se subía un pañuelo que tenía en el cuello, negro también, para taparse parte de su rostro y ahora solo dejar a la vista sus afilados ojos que no tardó en abrir de nuevo, o mejor dicho, entreabrir, fijándolos al frente, y antes de ponerse en marcha, tirando de su caballo. Nadie la seguía, pero eso no significaba que iba a estar sola. Luego daría la señal a los "chicos". De cualquier manera, y aunque fuera sola, tampoco tendría gran problema en matar incluso a una docena de hombres en dos segundos. Habia rumores sobre ella... y sobre sus extraños poderes.
Aquel día, en palacio, todo el mundo parecía inquieto. Al
fin y al cabo, los robos y asesinatos habían aumentado considerablemente desde
hacía unos meses, y cada vez aquello parecía más el trabajo de profesionales
que de simples vándalos. Muchas familias nobles se habían visto atacadas,
muchos habían perdido bastantes de sus pertenencias, y otros incluso habían
llegado a la ruina y sin un lugar donde caerse muerto. Por suerte, siendo
heredera del reino Leylak no tenía aún ese tipo de problemas. Se había
reforzado la vigilancia de palacio, e incluso algunas familias nobles habían
sido acogidas por su padre, el rey, dentro de las murallas que separaban el
castillo de cualquier otra zona del pueblo. Pero como siempre, a Leylak le
llegaba muy poca información. Su deber era simplemente el de permanecer como
una figura que representase la gloria y la magnificencia del reino, debía ser
poco menos que, en resumen, perfecta. Educada, elegante, obediente, inteligente
y de apariencia frágil, toda su vida la habían enseñado a cómo debía actuar y
en qué situación. Prácticamente la habían enseñado a ser la marioneta de sus
padres, algo que posiblemente seguiría siendo así incluso después de heredar el
trono, donde su deber era de nuevo como una simple representante, y el
verdadero líder sería aquel con quien la casasen y que heredaría el trono al
rey. Pero a Leylak no le importaba. Al fin y al cabo, nunca había salido del
castillo ni del círculo de gente que la rodeaba. Para ella no existía otra
cosa, otro mundo, otras opciones. Siempre acató lo que se suponía que debía
hacer sin rechistar, porque era para eso para lo que había nacido. Era fiel a
sus ideales, e incluso muy humilde, aunque si debía dar órdenes a sus
sirvientes también sabía hacerlo, siempre desde el respeto. El problema es que
para Leylak estaban los buenos; los ricos, los nobles, la aristocracia o la
gente humilde del pueblo, y los malos; los ladrones y asesinos de los barrios
bajos. Leylak no pensaba en el motivo por el que aquellos ladrones actuaban, y
tampoco era de su conocimiento. Ella solo veía el sufrimiento de los nobles en
banca rota, y juzgaba por sí misma que aquello que hacían estaba mal.
Se encontraba en uno de los jardines, simplemente aprovechando el poco tiempo libre que tenía antes de seguir con sus quehaceres e irse a la cama. Suspiró, ladeando una sonrisa, tranquila en el silencio de los jardines, pues casi todos los criados estarían dentro preparando las cosas para la cena.
Se encontraba en uno de los jardines, simplemente aprovechando el poco tiempo libre que tenía antes de seguir con sus quehaceres e irse a la cama. Suspiró, ladeando una sonrisa, tranquila en el silencio de los jardines, pues casi todos los criados estarían dentro preparando las cosas para la cena.
Mientras, Yarek avanzó como una sombra en el oscuro bosque,
escuchándose los pasos de su caballo sobre las hojas secas, pero no siendo
demasiada ruidosa. Incluso cuando entró en un terreno más peligroso, en el que
el ruido podría ser letal para ella, decidió dejar pausado a su caballo y
bajarse del mismo, haciendo el resto de camino a pie... Bueno, a pie... Y a
veces escondiéndose entre los arbustos, que gracias a ellos, podía coger a los
soldados del castillo de espaldas o desprevenidos. A algunos un simple golpe
con el que perderían la conciencia. Y a los de apariencia que daba la sensación
de ser realmente molestos si llegaran a despertarse, Yarek les cortaba el
cuello con su sable. A veces también se camuflaba subiéndose a los árboles, o quién
sabe qué otros escondites. Realmente parecía haber hecho eso durante toda su
vida. De cualquier manera, ya estaba cerca de la gran muralla, aunque oculta en
la última fila de árboles y arbustos que había, antes de llegar a la
"civilización" de palacio. Descansaba de cuclillas, observándose sus
dedos, pensativa. Recordando cómo algunos de sus amigos habían muerto de
enfermedades incurables, como la tuberculosis, sin si quiera medicinas, sin si
quiera alimentos... Realmente necesitaba motivarse para atacar. Aunque ella no
pretendía asesinar, solo robar. Quien asesinaba eran sus compañeros. Sin
embargo, no sabía quienes concretamente, si no los hubiera castigado hace
mucho. Eran muchos en el clan. Muchos a los que ella ni si quiera les había
pasado una vista. Aun siendo reconocida, seguía siendo difícil que hombres en
todo su esplendor, musculosos y machistas, le echaran cuenta a una mujer como
lo era ella... Yarek se llevó una mano a la frente, enredando los dedos
desnudos aun teniendo guantes en su flequillo, y echándose este hacia atrás
luego, aunque sus mechones rebeldes no tardaron en caer hacia adelante, de
nuevo ocultando su frente en mechones negruzcos. <<Vamos allá>>,
pensó. Sin embargo, en cuanto se colocó de pie, se tuvo que volver a
acuclillar, y a ponerse en guardia. Alguien se le habia adelantado. Y seguramente
se hacía llamar miembro de su clan. Pues una explosión se escuchó a un lado de
la muralla, una explosión que rompió parte de la misma. El humo ocultó un poco
los caballos que entraron en el grandísimo jardín, pero no pudieron acallar los
gritos de guerra de sus..."aliados". Yarek chasqueó la lengua,
molesta.
La tranquilidad y el silencio duraron poco en el lugar.
Primero Leylak escuchó la explosión, y lo único que pudo hacer fue ahogar un
grito y alzar el brazo, cubriéndose el rostro, pues la explosión había tenido
lugar cerca de donde ella se encontraba, y el escombro y el polvo no tardaron
en apoderarse del lugar. Aún sin haber podido observar qué estaba pasando sí
pudo escuchar el relinche de los caballos y el ajetreo de todas aquellas
personas entrando por el jardín. Ella, aunque vestía un vestido beige algo
largo, fue incluso ágil en apartarse de allí y, deprisa, esconderse en uno de
los arbustos bien cuidados y cortados del jardín. Abrió de par en par sus
morados ojos, ahora intentando permanecer oculta de todos aquellos tipos. Si
algo tenía claro era que secuestrar a la heredera al trono del reino podía ser
un objetivo suculento para los ladrones y asesinos que suponía que eran
aquellos. Para Leylak no se trataba más que de un puñado de anti sistemas intentando
atacar a la corte, y cuyo objetivo principal podían ser el rey y la reina, o en
su defecto, la heredera. Frunció el ceño, entrecerrando los ojos en ese
pensamiento. ¿De nada había servido que doblasen la seguridad de palacio? De
cualquier manera, muchos de los soldados del reino se encontraban incluso
dentro del mismo, y al oír tal estruendo no dudaron en salir, armados con sus
lanzas y sables hacia los jardines. La batalla no tardó en comenzar, y
mientras, Leylak, sabiendo que no podría entrar por la entrada principal
(porque tendría que sortear la guerrilla del jardín y no podía exponerse a que
la descubrieran), retrocedió de espaldas, cautelosa, para después girarse y
echar a correr por uno de los laterales del jardín donde suponía que aún no
habían entrado. Para su desgracia el palacio era bastante grande, y la puerta
exterior trasera no estaba cerca, pero hacia allí se dirigía. Suponía que sus
padres y los nobles subirían a las torres, donde los soldados tendrían más
facilidades para protegerlos. Si solo pudiese llegar hasta ellas…
Kuzram, el futuro pretendiente de la princesa Leylak, aunque
la propia joven no lo supiera, y que seguramente se le anunciaría esa misma
noche si no acabara de pasar lo que había pasado, fue, lleno de valentía, uno
de los primeros en salir por la entrada principal, portando un gran sable en
una de sus manos. Sus ojos entrecerrados, de color celeste, buscaba al posible
cabecilla del grupo. Después de todo... Si lo encontraba y lo vencía... El rey
aun estaría más orgulloso de casarlo con su preciosa hija de cabellos rosados.
Y no solo era bella, también era adinerada. Y como estaba la cosa últimamente
por esos malditos ladrones, no era momento de desperdiciar ni una sola
oportunidad de quedar genial ante el rey, y con suerte, ante la princesa, quien
parecía bien enseñada con los supuestos principios que le brindaba el propio
reino.
Para desgracia de la princesa Leylak, alguien vio su carrera en cuanto el humo comenzó a removerse por la feroz batalla entre soldados y vándalos. Claro que el que la vio era un propio vándalo, que creyó ver la suerte reflejada cuando la vio a ella. No era difícil de reconocer a la princesa. Nadie más en ese reino tenía el caballo de color rosado, además de la reina, claro está. Y esa chica era demasiado joven para ser reina. Además sus atuendos también hablaban por sí solos. El vestido que llevaba, aunque simple, era realmente elegante. Aunque Leylak era rápida, el vándalo había entrenado de esa forma toda su vida, además de conocer otras formas de acortar camino, cosas que una señorita como ella no debería saber, claro está. Así que, a la princesa doblar una de las esquinas casi solitarias del castillo, allí se encontró al vándalo, cortándole el paso, saliendo de entre la hojarasca. Leylak tenía dos opciones, una era ir hacia adelante que era donde estaba el vándalo, y otra era ir atrás donde la batalla se desarrollaba con pleno énfasis. El vándalo le mostró una media sonrisa llena de malas intenciones. Seguramente la princesa nunca habría visto algo parecido en toda su vida.
- Hi ~
Leylak abrió de par en par los ojos, deteniéndose de golpe
en cuanto vio que alguien había andado más rápido que ella y le había cortado
el paso. ¿Qué haría ahora? Ella también sabía sus opciones. Y lo cierto es que
sabía que si daba la vuelta y corría hacia la guerrilla, era mucho más probable
que la capturasen o asesinasen si se diera el caso. Se puso recta, abandonando
la postura anterior de haberse parado después de haber corrido, y clavó sus dos
ojos en los de aquel tipo, totalmente seria, y aunque fuese una princesa, y
aunque su imagen al reino siempre hubiese sido el de una muñequita que no había
visto más que lujos (aunque eso sí era cierto), en sus ojos no se demostró
miedo. Creía que en ese caso era como con los perros, que olerían el miedo, que
lo sabrían por tu mirada y que entonces, si lo descubren, sí que estabas
perdida. De cualquier manera, Leylak no podía enfrentarle aunque quisiese. Aún
no había despertado sus poderes, incluso cuando se supone que a esa edad ya
debería empezar a manifestarlos. Aún así…
- Hay formas más honradas de conseguir riqueza y poder… ¿Sois personas, o animales? La lucha no lleva a ninguna parte, no importa qué riquezas se consigan con ello…
Y más que nada, usaba su palabrería firme y digna de una princesa para conseguir tiempo y que alguno de los soldados del reino pudiese intervenir. El ladrón, sonriente, llevó la mano de guantes de cuero aunque con los dedos al descubierto al mango del sable que tenía colgado a un lado de la cintura, acariciando este, divertido, y como si quisiera poner nerviosa a la princesa. Sin embargo fueron sus ojos los que se abrieron de par en par cuando la princesa no parecía mostrar miedo, e incluso intentaba contrarrestar el ataque con palabras, de forma inteligente si peleabas contra nobles, pero inútil si peleabas con vándalos que no conocían otra forma de negociar si no era a palos y a cuchillazos. Pero de cualquier manera, esas palabras le habían molestado lo suyo. ¿Formas honradas? ¿Acaso la forma que utilizaban los nobles era honrada? ¿Era honrado y humilde dejar morir a los demás, solo porque les había tocado vivir en un sitio diferente?... Apretó el mango de su arma casi con ferocidad ahora, haciendo más tosca aun su sonrisa, enseñando más sus dientes.
- ¿Honrado? ¡Como si vosotros hubieseis conseguido algo con sudor y esfuerzo! ¡No es nada honrado creerse superior solo por haber nacido en un sitio diferente! ¿Qué te diferencia de mi, princesa? ¡¿Ah?!
Desenfundó su sable, a la vez que avanzaba su mano de palma abierta, con la que agarró el cabello rosado de la princesa, y no tardó demasiado, en darle la vuelta, para pegar su pecho la espalda de ella, y mientras con una mano tiraba de su cabello, colocar la hoja de su arma bajo su cuello.
- ¿Que tal princesa? ~ Seguro que esta es tu primera experiencia cercana a la muerte que has tenido en toda tu vida... ¿Verdad?
Leylak escuchó las palabras de aquel vándalo, al mismo
tiempo que observaba sus gestos. Y aunque seguía pareciendo serena incluso a
pesar de la situación, sí relajó un poco el semblante al escucharlo. ¿Sentirse
superior? Ella nunca se había considerado superior a nadie. No se relacionaba
con la gente del pueblo porque no podía relacionarse con nadie fuera de su
círculo, pero jamás se había considerado superior a ninguna aldeana o a ningún
herrero o trabajador del pueblo. Ella simplemente aceptaba lo que le había
tocado vivir, aceptaba estar arriba del todo en la jerarquía de poder, y sabía
que normalmente esa figura jerárquica que otros consideraban superior no era
más que una forma de regular al reino. ¿Qué sería de un reino sin
representante? Al menos, eso es lo que ella pensaba, y así le habían enseñado a
pensar. Puede que sus padres fuesen algo más sobérbicos, pero no ella. Ni siquiera
se le permitía algo así. Sin embargo, tampoco pudo decir nada más cuando aquel
tipo tiró de su pelo y colocó el sable en su garganta, a lo que ella cerró los
ojos apretando los párpados con fuerza, pero no tardó en abrirlos, o
entreabrirlos, mirando al frente, llevando las manos a la mano con la que él
sujetaba su pelo para intentar hacer fuerza y que la soltase. Escuchó de nuevo
sus palabras, y rodó la mirada hasta los ojos de él, chasqueando la lengua por
el esfuerzo que no había dejado de hacer para intentar liberarse. Solo quería
ganar más tiempo antes de que la asesinara, que algún soldado la viese…
- ¡T-Tampoco es justo menospreciarme por haber nacido noble! ¡Y-Yo tampoco elegí esto, como tú! ¡Lo único que me diferencia de ti es que yo no robaría ni mataría a nadie sea cual sea el beneficio!
Y lo dijo alzando la voz. Quizás así alguien la escucharía. Al vándalo eso pareció hacerle verdaderamente gracia, pues sus carcajadas fueron reales y fuertes, mientras daba un par de tirones más fuertes en su cabello para que se estuviese tranquilita.
- ¿¡Que no robarías ni asesinarías por ninguna razón!? ¡Me pregunto qué harías si tus personas queridas murieran por falta de comida y enfermedades curables para ustedes, que tenéis recursos, pero incurables para nosotros! De cualquier manera, no me importa, princesita, quizás no sea tu culpa nacer donde has nacido, pero sí vas a morir por nuestro b-.....
-Suéltala.
Leylak sí abrió los ojos de par en par al escucharle, y una fuerte presión inundó su pecho y estómago. ¿Enfermedades? ¿Hacían todo aquello para curar a sus parientes y amigos? Pero Leylak no lo entendía, suponía que un porcentaje de los fondos del reino estaban destinados a ese tipo de cosas de los más pobres, ¿No es así? Ellos los mantenían con vida, los nobles gastaban de sus bienes para ayudar a los más necesitados, y eso siempre había sido así, ¿No es así? ¿Entonces por qué se los pagaban de esa forma? ¿No les era suficiente, los culpaban acaso de las enfermedades? La enfermedad afectaba tanto a ricos como a pobres, y en su reino la medicina se aplicaba también en los barrios bajos…O al menos, eso es lo que le habían contado a Leylak. Una Leylak que ahora estaba algo confundida, y que terminó por pensar que realmente el problema de aquellos ladrones era su avaricia. Sin embargo… El ladrón alzó la mirada, de entre la sombra y a paso lento pero seguro, se dejaba ver una mujer. Su cabello oscuro y su ropa oscura realmente hacia contraste con su tono pálido de piel, y que parecía serlo aun más a la luz de la luna. Sin embargo, su cuerpo no era tan delicado, estaba realmente bien formado, y de alguna manera se veía fuerte, aunque era obvio que no se mostraban músculos, al fin y al cabo su estructura era la de una mujer, una estructura hermosa y llena de curvas bien formadas. Un tatuaje violáceo oscuro recorría desde su pecho hasta su vientre, del mismo color del que estaban pintados los párpados de sus ojos color vino, que, entrecerrados y afilados, se clavaban, amenazantes, en aquel tipo. Realmente no era demasiado difícil de confundir. Incluso aunque nunca la hubiera visto Leylak, los rumores hablaban solos. Aun siendo la líder de los vándalos que cada día atemorizaban más a los nobles, su figura se veía poderosa, y aunque amenazante... se veía justa de alguna manera. Algo demasiado absurdo, teniendo en cuenta quien era.
- ¡Oscura Niebla!
Y si cabía alguna duda, aquel vándalo dijo su nombre. Probablemente nadie sabía que el nombre real que ella era Yarek. Tampoco le importaba. Repitió:
- Suéltala.
Pero el ladrón no lo entendía, y su desconcierto se vio reflejado en sus palabras o en el propio tono de voz.
- Pero.... ¡Si la matamos, nosotros podremos tener un futuro mej-.....
- Venimos a robar, no a matar.
La seca respuesta de la líder arrancó un gruñido del vándalo
cualquiera, quien acercó más la hoja al cuello de la muchacha.
- ¡Es la princesa! ¡Podremos t...
Aunque él siguiese hablando, Yarek al escuchar algo como eso, abrió los ojos de par en par. La princesa... Sus ojos se fijaron en el suave y hermoso rostro de la chica, en las pecas de sus mejillas, en sus grandes ojos violetas, en su sedoso cabello rosado... La recordaba. Había compartido con ella muchos momentos de su infancia. Y en la misma le había prometido que siempre la protegería... Pero ahora todo había cambiado... ¿Verdad? Frunció el ceño, realmente molesta, desenfundando su sable, y avanzando hasta ambos... Hasta que se colocó enfrente del ladrón, alzando la punta de su sable hasta su garganta, mirando de reojo solo una vez a la princesa, para volver a mirarlo a él.
- Entonces déjamela a mí. Obedéceme y ve junto a los demás.
Leylak desvió sus morados ojos hacia aquella figura que emergía de la oscuridad y que ni siquiera había visto llegar antes. Recorrió su cuerpo con una rápida mirada, y nada más fijarse en sus ojos, volvió a abrir los suyos de par en par. ¿Oscura Niebla? ¿Realmente estaba frente a ella la persona que había hecho tantos estragos en la aristocracia de la época? ¿Oscura Niebla era una mujer?...¿Una mujer era capaz de tales cosas? Escuchó sus palabras, y Leylak no cabía realmente en su asombro. “Venimos a robar, no a matar”, ¿Realmente incluso entre los vándalos se regían por principios? Escuchó entonces la conversación de ambos, aún haciendo fuerza para que la soltase del pelo, y quejándose en cuanto él acercó más el sable a su garganta, quedándose quieta en ese instante. Sin embargo, alzó la mirada hacia ella de nuevo en cuanto ella misma fue la que alzó su arma en contra de su propio subordinado. Leylak pareció sorprendida de nuevo, ahora simplemente fijando sus ojos en ella, y aunque sin hacer fuerza o ningún gesto por soltarse, seguía sujetándole el brazo a aquel tipo para que la soltara. No dijo nada, solo la observó. Y realmente, ahora sí que no sabía cómo podría escapar sana y salva de allí. Por mucho que ella dijera… La fama y los rumores sobre Oscura Niebla la perseguían, y sabía lo peligroso de la situación.
Realmente era difícil que una mujer ocupase tal puesto
temido por todos. Pero así era. Oscura Niebla era una mujer, una hermosa mujer
por cierto, aunque de su rostro solo eran visibles sus ojos afilados color vino,
pues seguía cubierto por un pañuelo negro. Yarek ladeó el sable, acercándolo
más a su supuesto subordinado, aunque ella ni si quiera lo había visto antes.
Quería decirle que era capaz de cortarle el cuello si no la obedecía. Un líder
siempre debía de andar con mano firme, aunque eso pudiera parecer imposible
para lo que una mujer estaba destinada en esa época. Pero por eso, realmente
Yarek tenía que trabajar más duro que cualquier hombre, para que estos mismos
la siguieran. Y siempre se estuvo esforzando en ello. Por eso, quizás para
alguien como Leylak que no conocía nada de ese mundo, podría parecer algo
cruel. Pero eso de matar a los subordinados desobedientes era la realidad de
cada día. Y quizás el ladrón lo sabía, por eso, en contra de su propia
voluntad, apartó el sable de la garganta de la princesa, y también la soltó del
cabello, ahora empujándola y casi haciéndola tropezar y caer encima de Yarek.
Quien, pese a todo, la agarró con no demasiada brusquedad. Oscura Niebla bajó
su sable a la altura de su cadera, mientras que con la otra mano sostenía la
espalda de la pelirrosa. Después de todo, ahora ella sería quien se encargase
de su suerte. Pero ella y nadie más, y eso quería dar a entender la amenaza en
sus ojos al pasar por los de su subordinado, y este, con un chasqueo de lengua,
se acabó yendo del lugar. Yarek no le quitó la
vista de encima hasta que se perdió en la oscuridad, para luego cerrar
sus ojos, y dejar escapar un suspiro de entre sus labios ocultos por aquel
pañuelo negruzco.
Los ojos de Leylak no dejaron de mirarla directamente a los
suyos, pues gracias a su pañuelo era lo único que podía observar de ella, incluso
en aquella oscuridad. Unos ojos que demostraban, al menos para Leylak, una
crueldad que no estaba acostumbrada a ver. Temía que le cortase la cabeza a
aquel tipo después de todo, y en su mirada podía apreciar que algo así ni
siquiera le importaría demasiado. Sin embargo, el vándalo la soltó, y no solo
eso, sino que la empujó directamente hacia ella. Leylak abrió de par en par los
ojos, quedándose quieta en un principio, pues al fin y al cabo ella seguía
estando armada. Y sin embargo, cuando observó que lo que había hecho era bajar
el sable, Leylak se separó tan pronto como pudo, incluso retrocediendo unos
pasos hacia atrás, aún con los ojos abiertos de par en par y, esta vez sí, algo
de miedo y angustia en sus ojos. Al fin y al cabo, todas las noches cenaba con
el mismo tema de conversación: Oscura Niebla y lo despiadado de sus crímenes. Y
tal y como casi había dicho aquel tipo, ¿Qué mejor blanco que la heredera?
-…Será mejor que cojas lo que quieras y te marches de aquí. S-Si lo que quieres es robar, nadie más tiene por qué perder sus vidas en esta estúpida guerrilla…
Y ahora más que intentar ganar tiempo, lo que estaba intentando era salvarse a sí misma. Quería que se fuese y que nadie más corriese peligro, y aunque no le agradaban aquellos avariciosos y bruscos ladrones, no quería ver más sangre derramada de la necesaria.
Yarek siguió con los ojos cerrados, sintiendo la calidez de
la persona a la que abrazaba, la inocencia al fin y al cabo de no saber nada
más que lo que le habían enseñado, y un olor dulzón proveniente de su sedoso
cabello rosado. Era tan agradable como lo fue antaño. Porque Yarek sí la había
reconocido, pero dudaba mucho que Leylak la hubiese reconocido a ella. Y por
sorprendente que pareciera, en cuanto la chica se separó, Yarek dejó que lo
hiciera, aunque entreabriendo sus afilados ojos esta vez, clavándolos en los de
ella, amenazante, ante la chica que retrocedía atemorizada. Y no era extraño,
no por nada Yarek se habia creado la fama de la "Oscura Niebla".
Escuchó lo que esta decía, y eso le hizo sonreír, aunque su pañuelo tapaba sus
algo gruesos pero hermosos labios, aun así sí se escuchó una muy suave risa
acompañada de un suspiro que dejó escapar por la nariz. Un "hmpf",
ligero y simple. Se guardó su sable en la funda a un lado de su cadera (siendo
sus pantalones bombachos bajos de caderas además). Y aunque con ese gesto
parecería dar por hecho que se iba a ir... Yarek no se fue. Avanzó hasta la
princesa, paso tras paso, haciéndola retroceder hasta que la espalda de la
misma chocó contra la pared. Yarek colocó una mano en la piedra fría de la
estructura del castillo, mientras que subía una de sus rodillas para posarla
entre pierna y pierna de la chica, deslizando un poco la tela de su vestido
beige hasta arriba, y haciendo que se le pegase más a las piernas de alguna
forma, que se pudiese notar la forma de estas. La otra mano la llevó bajo su
barbilla, haciendo que alzase un poco su barbilla. No es que la diferencia de
altura entre ambas fuera demasiada, pero era lo suficiente como para que
pudiese hacer eso.
- Déjame darte un consejo, princesita.... No está bien intentar negociar cuando estás en desventaja. ¿No lo crees?...
Yarek ladeó una sonrisa, aunque era obvio que Leylak no la vería, pues sus labios seguían ocultos por el telar negruzco. Lo que sí pudo ver es que entrecerraba sus ojos, mientras acercaba un poco su rostro al suyo, con sus ojos, entrecerrados y amenazantes, fijos en ella. Como si quisiera darle miedo... Y con ello, una lección. Quién sabe, quizás quería hacerle ver que debía quedarse siempre con alguien más. Esa era su única manera de "protegerla" sin hacerlo realmente.
Lo cierto es que sí. Leylak esperaba y con ansias que se
fuese, y con ella todos aquellos que habían atacado el castillo sin previo
aviso. Y por un momento así lo creyó en cuanto la vio bajar el sable y volverlo
a guardar. Sin embargo, su risa, aunque leve, la desconcertó un poco. No veía
más que sus ojos, pero por alguna razón ni siquiera quería ver el resto. Lo
cierto es que intimidaba lo suyo, ella siendo siempre una princesa y más como
aquel tipo había dicho, aquella noche había sido su experiencia más cercana a
la muerte. Algo que asociaba ahora directamente a los ojos de Oscura Niebla. En
cuanto la observó acercarse ella retrocedió por puro instinto, e incluso
hubiese echado a correr hacia la puerta trasera del castillo si no se hubiese
chocado con la pared antes. Intentó escabullirse con rapidez, pero el hecho de
que ella apoyase una mano en la propia pared le impidió el paso. Abrió de par
en par los ojos al sentir su pierna entre las suyas, y de nuevo cuando la
sujetó de la barbilla. Sus ojos color vino realmente se veían amenazantes en
aquella oscuridad, y más sumados a las palabras que ella había dicho. Y tenía
razón, y ella lo sabía, ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Intentó retroceder
más, estúpidamente teniendo en cuenta que estaba la pared, pero dejando apoyada
la cabeza en ella para, mientras ella acercaba su rostro al suyo, ella intentar
mantener las distancias como difícilmente podía.
- …¡P-Prefiero intentar negociar que combatir! ¡Si tienes lo que quieres márchate, y-y no vuelvas por aquí!
Aunque ella misma era consciente de lo estúpido que era darle órdenes a Oscura Niebla, pero realmente, ¿Qué otra cosa podía hacer? Ahora se negaba a mirarla, aún cuando ella sujetaba su barbilla ella desviaba la mirada a cualquier otro sitio. ¿Quién no se intimidaría con una ladrona de la fama que ella tenía?
Yarek alzó una sola de sus cejas. A cualquiera le molestaría
esa actitud en un noble, y quisiera verle arrastrándose y pidiendo clemencia.
Cualquier vándalo querría ver a la princesa ridiculizada y pidiendo que la
dejasen vivir. Yarek no era así. No quería verla así, y en realidad le gustaba
que aun así intentase defenderse, aunque sus recursos fueran pocos, por no
decir que eran simplemente el de las palabras y negociaciones. Quizás para
ponerla algo más nerviosa, alzó la rodilla un poco más, con ello deslizando
algo más la tela de su vestido de entre sus piernas, además de acercarse más a
su rostro, esta vez agachando el propio para observar su cuello, y allí, algo
más entre susurros, murmurar.
- No has entendido nada. Cualquiera estaría loco por arrebatarle a la princesa todo lo que tiene. Y no solo hablo de las riquezas. Cualquiera querría humillarte de cualquier manera, y créeme, hay maneras muy crueles de hacerlo....
Entrecerró los ojos, seria, y se podría decir que casi molesta al decir algo como eso. Leylak esperó a que ella dijese algo sobre lo que acababa de decir. Que actuase, que la golpease o que simplemente la matase, al fin y al cabo, se suponía que era la persona más cruel y despiadada de todo el reino. O eso creía ella. Sin embargo en cuanto notó su gesto entrecerró los ojos, desviando la mirada hasta el suelo, sin saber muy bien qué hacer, ni cómo actuar, y mucho menos cómo separarse de allí. Notaba también cómo se le subía el vestido, y si sus intenciones eran ponerla nerviosa lo había conseguido. Intentaba además cerrar las piernas y apartarla como podía, pero sin éxito. Y mucho menos cuando escuchó sus palabras tan de cerca en su cuello, a lo que la miró de reojo, ahora con los ojos entrecerrados y entre nerviosa y algo asustada, pero queriéndoselas dar de valiente, al igual que con el tipo anterior. Sin embargo lo que ella dijo la hizo abrir de par en par los ojos, de nuevo asustada con algo como eso, hasta que…Una voz la interrumpió.
- ¡¡Leylaaak!!
Yarek notó como una cuchilla volaba desde algún lugar, y ella solo pudo echarse a un lado, y echar a Leylak también hacia un lado, tirándola al suelo, y quedándose ella encima. Y aun así no pudo evitar que la cuchilla le hubiese rajado parte del brazo, una profunda herida desde la que ahora se deslizaban ríos carmesíes por todo el brazo hasta su propia mano. Aun así, Yarek no mostró dolor en ninguno de sus gestos. Es más, sus ojos podrían parecer aun más amenazantes, mientras, a lo lejos, observaba un tipo alto, algo musculoso, de tez algo morena, cabello oscuro y ojos celestes. Era Kuzram, el futuro prometido de Leylak. Quien, era obvio que parecía amenazada, por la más vil ladrona y asesina encima suya, acorralándola contra el suelo. Agazapada como una pantera sobre su presa.
- ¡¡Déjala en paz!! ¡Pelea conmigo!
Leylak no se esperó que la tirase al suelo. Y más bien ni siquiera había sido consciente del por qué hasta que observó la sangre caer de su brazo en aquel corte profundo, escuchando tras ella el grito de Kuzram. Por un momento se le pasó por la cabeza qué hubiese pasado si Oscura Niebla no la hubiese apartado, ¿Le habría dado solo a ella, o también le habría hecho daño a ella misma? De cualquier manera se revolvió bajo sus brazos en cuanto tuvo tiempo de reaccionar.
- ¡ Kuzram! ¡No seas imprudente!
No es que supiera que fuese su futuro prometido y ni siquiera es que lo conociese demasiado. Pero aún así no quería que fuese herido por una ladrona como ella, aunque en el fondo, tampoco le gustó haberla visto herida en el brazo. Pero ella misma era consciente de que no siempre podía ser justa con todo el mundo, en eso consistía ser princesa y futura reina, ¿No?...
Ni si quiera el grito de la princesa interrumpió la fiera
batalla de miradas entrecerradas que compartían Yarek y Kuzram. Después de
todo, Leylak era el pasado de Yarek, pero también era el posible futuro de
Kuzram. Y aunque era del todo obvio que no se llevarían bien por ser una
fugitiva de la ley, y un soldado-noble de muy alto rango, también es como si
hubiera algo más que ni si quiera ambos podrían entender. De cualquier manera,
Yarek dejó a Leylak en el suelo, mientras ella se incorporaba, y sin importarle
la sangre que no dejaba de caer por todo su brazo, llevaba la mano del mismo a
la funda de su arma, volviéndola a sacar. Realmente sus ojos mostraban
molestia. Mucha molestia. Quién sabe, quizás ella misma se había dado cuenta de
que si no se hubiese apartado, la cuchilla incluso podría haberle dado a
Leylak. Y tampoco lo veía tan extraordinariamente raro. Ella sabía que los
hombres del ejército real, como los vándalos, también eran capaces de todo. Y
eso la ponía muy de mal humor. El gruñido de Kuzram la sacó aun más de sus
casillas.
- ¿Una mujer?... ¿Eres tú la poderosa Oscura Niebla?... ¡Deberías estar sirviendo a tus hombres! ¡Incluso aunque estos sean asquerosos delincu-.....
No le dio tiempo a acabar. Yarek echó a correr hacia él, atacándole de frente, a lo que él se defendió con su propio sable. Ahora ambos enseñaban los dientes, en muecas de rabia. Mientras hacían fuerza por haber quien echaba hacia atrás a quien, haciendo ambos rechinar las hojas de sus armas. Hasta que fue el propio Kuzram, quien dijo entre dientes.
- ¡Princesa, váyase de aquí! ¡Apresúrese!
Las palabras de Kuzram hicieron entrecerrar un poco los ojos
a Leylak. Era sorprendente que la conocidísima Oscura Niebla fuese una mujer.
Que una mujer fuese capaz de ese tipo de cosas, o que incluso una mujer pudiese
desprender esa aura amenazante y cruel que a Leylak le parecía. Y sin embargo,
al mismo tiempo era algo digno de admirar, aunque la princesa estuviese
totalmente en contra de lo que hacía, más que nada, porque no conocía los
motivos reales. Que Kuzram humillase de esa manera a las mujeres no fue algo
que le agradase, aunque se tratara de ella. Sin embargo, abrió de par en par
los ojos, abandonando todo pensamiento, en cuanto Oscura Niebla se abalanzó
contra él, y él a duras penas pudo contenerla. Leylak se levantó, con expresión
de sorpresa y miedo en el rostro, escuchando las palabras de Kuzram. Y tampoco
tardó demasiado en darse la vuelta y correr un par de pasos… Quizás si llamaba
a alguien podrían ayudarlos, ¿No? Quizás si venían más soldados esa mujer se
marcharía y nadie tendría que morir… Sin embargo dejó de correr, entrecerrando
los ojos hasta cerrarlos del todo, frunciendo también el ceño. ¿Y después qué?
¿Habría de nuevo otra guerrilla con sus soldados enfrentados a los vándalos? ¿O
esa mujer se iría con todos ellos y con el dinero de las arcas reales para su
propio beneficio? ¿O si en el peor de los casos él era asesinado y ella se
salía con la suya? Se giró, molesta, clavando sus ojos en ambos, y en contra de
lo que Kuzram había dicho, Leylak se quedó donde estaba.
- …Oscura Niebla… -Alzó la voz, para que incluso al estar peleando y desde donde estaba ambos pudiesen escucharla. Le molestaba llamarla así de todas formas, no quería darle “un título”, pero tampoco conocía su nombre.-… Has dicho que tu intención es robar, y no asesinar… ¡Entonces deja de pelear! ¡Seguramente tus hombres ya tienen lo que quieren, no te expongas más al peligro!
Aunque se dio cuenta de lo ambigua que había sonado esa frase. Podría entenderse como que estaba dando por hecho que si seguía luchando Kuzram la mataría, ¿Pero no podría también sonar a que realmente le preocupaba algo así? ¿Y si era el caso, por qué? De cualquier manera entrecerró algo más los ojos, ahora fijos en Kuzram.
- ¡Dejad que se vaya! ¡No quiero ver más sangre derramada!
Oscura Niebla dio un salto hacia atrás, aun con el sable
alzado, respirando solo con un poco más de agitación. Aunque ahora sus ojos de
color vino se desviaron hacia la princesa. No sabía cómo tomarse sus palabras.
¿Al ver que era una mujer no la veía cualificada para acabar con aquel tipo?
¿Por muy alto o bien formado que estuviera? Aunque eso de que había venido a
robar, y no a asesinar, a quien más le sorprendió fue a Kuzram. Quien pensaba
que, en esa parte del mundo cruel, era más una debilidad que algo que alabar,
como parecía hacer la princesa. Y eso le hizo sonreír al chico.... Aunque no se
movió. Aun a pesar de los pedidos de no solo su futura reina, si no también, su
futura esposa. O ya la tenía él por eso. Y más si de alguna forma ganaba a
Oscura Niebla... Quien, ahora parecía estar dudosa por las palabras de Leylak.
Yarek tampoco quería que la princesa, y probablemente por primera vez,
observase un asesinato, aunque Yarek estaba segura que si se daba, sería de
ella hacia él. Confiaba en sus capacidades... Sin embargo, se quedó anonada,
clavando sus ojos en los de ella... Esos ojos... Incluso bajó inconscientemente
su arma, muy lentamente y solo un poco. Entreabrió los labios.
- Ley-...
Kuzram aprovechó esa oportunidad. Había avanzado hasta ella con rapidez y sin que nadie más se diese cuenta. Pero no la mató aunque hubiese podido. No, una ladrona tan famosa debía sufrir aun más. Por eso, lo que hizo fue golpearle con bastantes fuerzas a la altura de su estómago. A lo que ella abrió los ojos de par en par. Aunque el golpe fue en un sitio crítico, en un sitio que le hizo perder el conocimiento, incluso a alguien tan fuerte y poderosa, según los rumores, como ella. Sus pupilas se subieron, dejando sus ojos en blancos por un momento, antes de cerrar los mismos y caer, derrotada, al suelo. Tampoco tardaron en llegar soldados. Estaban ganando la batalla contra los vándalos, por no decir que acababan de hacerlo. Y si eso ya de por sí era un buen premio, no se podían imaginar que se encontrarían con uno mejor hasta que vieron a Yarek caída en el suelo, sin consciencia.
Leylak permaneció igual. Quieta, seria, con el ceño fruncido
y los ojos entrecerrados. Pero más que una expresión de molestia, lo que sus
ojos transmitían era una súplica. Realmente no quería que ninguno saliese
herido, incluso aunque ella era su enemiga, o eso suponía. Incluso cuando ella
era la culpable del desastre de aquella noche, realmente no quería verla
dañada. Quizás porque las palabras del ladrón que la atacó la habían hecho
pensar, ¿Y si el motivo de Oscura Niebla era noble, pero no lo eran sus
métodos? En cuanto su mirada se cruzó con la de ella, dejó de fruncir el ceño
por un momento. Al menos había bajado el arma…Y realmente era algo que
agradeció. Sin embargo…
- ¡¡ Kuzram, no!!...
Y sin embargo, en cuanto la vio en el suelo, abrió de par en par los ojos. ¿Se había aprovechado de que ella le había hecho caso para atacarla? ¡Eso era del todo injusto! ¿Qué había de noble en algo así? Leylak corrió hacia donde se encontraba la chica, con los ojos abiertos de par en par, mirando luego con el ceño fruncido a su futuro y aún sin saberlo prometido. Los soldados no tardaron demasiado en llegar, y como no, en llevarla hacia los calabozos. Aquella noche había sido extraña, y aunque Leylak quería decirles a los soldados que soltasen a Oscura Niebla, realmente no llegó a decir nada. ¿Estaba loca por querer defender a alguien que podría haberla matado en cualquier momento? Pero los ojos con la que la había mirado segundos antes del ataque de Kuzram…Realmente veía muy injusto todo aquello, aunque ni siquiera entendía el por qué.
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