jueves, 10 de octubre de 2013

Capítulo 2: ¿Qué es verdad y qué es mentira?



Los vándalos abandonaron el palacio, algunos con la muerte, otros simplemente huyeron de allí. Sin embargo, no se dieron cuenta hasta después que la líder de todos ellos se había quedado allí. Porque sí, los soldados, al ver el logro de Kuzram, quien no tardaría en ser ascendido, no tardaron en esposar a Yarek, incluso sin preocuparse en curarle la herida. Tampoco les importaba si se le infectaba. De cualquier manera, ni si quiera se atrevieron a quitarle el pañuelo de la cara, quien sabe por qué. Como si después de todo, temieran y mucho, que despertara de un momento a otro. Y ahora la mantenían en la más fría y oscura mazmorra, tirada sobre el propio suelo de piedra maltrecha. Como mucho, el lugar lo iluminaba un par de antorchas por afuera de las rejillas de la celda. Incluso las goteras se podían escuchar. Según los de palacio y demás, alguien como ella, que tanto daño había hecho, no se merecía algo mejor. Ahora, tendrían que esperar a que despertara, para darle los castigos que se merecía y cuando les pareciera suficiente, condenarla a una muerte, en un juicio que todos sabían que acabaría con la máxima penitencia.


Por otro lado, Kuzram era de lo más feliz. Acababa de conseguir el reconocimiento que deseaba desde siempre. Kuzram, después de todo, realmente era un hombre avaricioso. Y además de eso, había conseguido la mano de la hija del rey por tal hazaña de la noche anterior. Aunque mientras la contaba, juraba que no podría haber dado resultado si la princesa no hubiese confundido a la ladrona con su labia, y su poder de las palabras. Luego, una gran cena, y antes de los bailes, fue cuando el padre de Leylak los comprometió a ambos, orgulloso por el "partido" de su hija. Después de todo, ahora, Kuzram era el mejor partido de todo el imperio. Realmente estaban celebrando de nuevo la fiesta que el día anterior, y esta vez de multiplicado por dos. La princesa acababa de comprometerse. Y ahora, su prometido, arrodillado de una rodilla ante ella, le ofrecía su mano con una maravillosa sonrisa, tras las aparentes amables palabras.

- ¿Me concedería un baile, mi hermosa Leylak?


Para Leylak las cosas habían pasado tan rápido que ni siquiera había tenido tiempo del todo para asimilarlas. El día anterior había sido extraño. Habían muerto varios de los soldados de la corte, y muchos de los vándalos, los que no consiguieron escapar. Los soldados ni siquiera los habían mantenido con vida, y la única cautiva de todo aquello había sido Oscura Niebla. Pero realmente, ¿Era justo algo así? Aún a pesar de todos los rumores, de todas las historias que hablaban sobre ella y su crueldad, realmente y por un segundo, cuando sus miradas se cruzaron no le pareció que fuese tan sanguinaria como hablaban esas historias. Además, ¿Estaba loca o incluso había bajado su arma cuando ella se lo pidió? Se sentía terriblemente culpable a sabiendas de que le esperaba la muerte estando en esos calabozos. Una muerte que ni siquiera tenía claro si era justa o injusta. En cualquier caso… ¿Qué podría hacer ella? Aquel día ella también se sentía en una condena. Ya era sabido por todos, incluso por ella misma, que debía ser prometida pronto, pues ya tenía la edad suficiente, incluso aunque aún no hubiese manifestado sus poderes que ya debería tener siendo hija del rey. Sin embargo, aquello le causó un shock difícil de superar. Kuzram era sin duda el mejor partido del Imperio, ella misma era consciente, pero… ¿Realmente podía pasar el resto de su vida con alguien así? ¿Con alguien que no solo humilló a Oscura Niebla por ser mujer, y no por el hecho de ser quien era, y que aprovechó una oportunidad nada honorable para vencer a su enemiga? Entristeció el ceño en ese pensamiento, pero solo un segundo, pues lo frunció luego en un leve gesto de molestia, que poco a poco borró, mientras cerraba los ojos, manteniendo así una expresión estándar, un gesto de sumisión ante la situación. Toda la corte los estaba observando, y ella, tal y como la habían enseñado, debía actuar como la princesa que era. No por nada la habían estado “entrenando” toda su vida para ese momento.

- Será un placer. 

Asintió con la cabeza, de forma elegante y solo una vez, mientras extendía la mano hacia la suya. Si todo salía bien, luego de ese baile diría que se sentía indispuesta para continuar la fiesta. Y quizás, si realmente se sentía con el valor de incumplir las normas, cosa que nunca antes había hecho, bajaría a los calabozos, donde se le tenía terminantemente prohibido entrar. Al menos le daría un poco de agua, pues aunque nunca hubiese estado allí abajo, podía hacerse una idea de cómo tratarían a Oscura Niebla teniendo en cuenta lo que había hecho. Y ya de paso le preguntaría cuáles eran sus verdaderos motivos para hacer lo que hacía. Quizás aún seguía dándole vueltas a lo que había dicho aquel vándalo la noche anterior sobre las enfermedades.

***

Yarek apretó sus párpados violáceos oscuros. El ruido del fuego de las antorchas y el goteo entre las piedras la despertó al fin, habiendo pasado casi un día entero en el que quedó inconsciente. No le habían dado de comer, tampoco de beber, y ni si quiera le habían curado la herida del brazo, la cual, tras un tiempo de desangre, dejó de hacerlo, aunque aún seguía abierta. Tampoco la habían limpiado, por lo que su brazo seguía manchado por sangre seca ya. Yarek por fin abrió sus ojos rojizos oscuros, desviándolos hacia uno y otro lado, no sabía dónde estaba. Aunque no le fue difícil reconocerlo. Y en cuanto lo hizo, frunció el ceño. Hizo el amago de levantarse, pero no era solo que se sentía mareada, si no que sus muñecas estaban atadas a unas cadenas, que la volvieron a sentar. Se miró ambas, pensativa. Y decidió algo... Apretó sus puños, pero la sorpresa que se compuso en sus ojos dio a entender que por alguna razón, no podía utilizar sus poderes... Tampoco tenía ningún arma. Y estaba atada... Yarek agachó la cabeza, y casi que se echó hacia adelante, tapando todo su rostro con sus flequillos. Estaba perdida. Y todo por.... Gruñó levemente, mientras le daba un porrazo a la piedra con su propio puño. Todo por esos ojos violetas…

No pasó demasiado tiempo hasta que resonaron unos pesados pasos en las baldosas frías de los calabozos. Unos pasos cargados de metal, posiblemente por alguna armadura. Y así era, no tardaron en aparecer dos soldados con sus respectivas armaduras del Imperio puestas, escoltando a un tipo algo entrado en edad, alrededor de los 40 años, que observaba con desdén y apatía la celda hacia donde se acercaban. Con un gesto simple y algo apresurado, uno de los soldados abrió la celda con un enorme llavero repleto de diversas llaves oxidadas, entrando entonces aquel tipo de ropas adineradas seguido de sus dos guardias. Observó a Oscura Niebla desde su diferencia de altura, alzando las cejas. Y de nuevo con tono de desdén, como si verdaderamente estuviese haciendo una jornada laboral y estuviese deseando acabarla y acostarse, habló claro y seco, aclarándose la garganta primero.

- Oscura Niebla. Tu sentencia será decidida mañana por el jurado de la corte, aunque todos, incluida tú, sabemos cómo va a acabar esto. Por el momento se me ha ordenado castigarte en relación a tus fechorías y crímenes cometidos hasta tu sentencia de muerte. 

Y lo cierto es que dicho esto, el tipo sin más se fue de allí. Claro que no sin antes haberle hecho señas a los soldados, quienes, aún dentro de la celda, asintieron con la cabeza ocultas por los yelmos. Uno de ellos se acercó, la cogió de la coleta y la levantó, dejándola en pie, apoyándola con un golpe en la pared del fondo del calabozo. El otro, mientras tanto, había sacado de una especie de mochila en su cintura un látigo de cuero algo desgastado. Posiblemente aquellos dos matones no eran más que los torturadores de las mazmorras. El que la sujetaba del pelo habló.

- No seremos benevolentes contigo. Por tu culpa muchos de nuestros hermanos perdieron la vida ayer. Nos vengaremos de todos y cada uno de ellos, y de otros que tú y tus bárbaros habéis matado antes. 

En cuanto terminó de hablar la lanzó al suelo, con fuerza además. Sujetó la cadena que ataba sus muñecas a la pared, y tirando con fuerza de ellas, terminó por hacer que Oscura Niebla les diese la espalda, momento que el segundo aprovechó para darle uso al látigo.


Yarek se quedó quieta. Aunque ni si quiera le hacía falta hacerse la dormida o algo así. No ganaría nada con eso. No fingió nada, lo cierto es que ni si quiera se movió, sentada, con una pierna algo alzada por la rodilla, la cabeza tan gacha que no se le veía el rostro, y las manos sobre el suelo, sin importarle que este estuviese frio. Tampoco tenía su capa, por lo visto se la habían arrebatado mientras estaba inconsciente, igual que su sable. Y ahora solo vestía sus pantalones bombachos, y su top corto, ambas cosas negras, igual que su cabello. No observó al noble cuando habló, incluso aunque no lo viese, podía darse cuenta de que parecía incluso aburrido... Tampoco le importaba. Incluso cuando este se fue, habiendo dicho lo que dijo, de forma tan monótona y aprendida, no levantó la mirada. Solo lo hizo una vez se quedó sola con los dos verdugos. Levantó la mirada, aunque demasiado sombría por sus flequillos, pues aun seguía manteniendo su rostro gacho. Y escuchó lo que estos decían. ¿En serio? ¿Venganza? ¿Qué clase de justicia era esa?... ¿Qué pasaba con sus amigos que también habían muerto?... ¿Eran simplemente basura? Frunció el ceño, pero ni si quiera dijo nada. Y no porque no se atreviera, si no porque ni si quiera tenía ganas. La levantaron desde la coleta, y ella simplemente hizo una mueca, pero no se quejó con palabras. Tampoco dijo nada, cuando la giraron y recibió el primer latigazo, aunque no pudo evitar soltar un grito con eso. Echando la cabeza hacia atrás incluso. Un grito que se escuchó en toda la mazmorra. Ese látigo había sido usado muchas veces, por lo que al estar tan desgastado quemaba mucho más, y arrancaba la piel de forma mucho más brusca.
Lo cierto es que a los verdugos ni siquiera les importaba que se quejase o no. Y mucho menos que el látigo, al estar desgastado, fuese mucho peor. Lo único que hacían era cumplir con su trabajo, y puede que de forma algo pasional incluso. No por nada se consideraban afortunados de tener a la gran Oscura Niebla entre sus rejas, ahora el pueblo respetaría aún más a la aristocracia y la justicia, o lo que ellos querían dar a entender que era la justicia, prevalecería sobre los ladrones de los barrios bajos. No se conformaron con latigazos, también usaron sus propios puños para golpearla una y otra vez, o incluso se divirtieron hiriéndola en las heridas abiertas que tenía, haciéndolas sangrar de nuevo. Y solo cuando lo consideraron suficiente, y cuando ellos mismos se aburrieron, volvieron a cerrar la celda y se fueron de allí, ocupando de nuevo un silencio abrumador en la mazmorra, solo interrumpido por el goteo del techo.

Yarek se había enfrentado a muchas batallas en su corta vida, pero eso, batallas, que recordara, no había recibido una paliza desde los diez años, cuando la acabaron de echar de palacio, por no ser aceptada en los barrios pobres...hasta que aprendió hacerlo. Y no sabía cuál de las dos había sido más dura. Quizás la de su niñez. De cualquier manera, ni si quiera sabía porque pensaba en eso ahora. Pudo notar como los soldados eran felices por sus gritos de dolor, pues aunque era medianamente fuerte, no era de metal. Y de cualquier manera esa cualidad solo había empeorado una cosa: Que en vez de desmayarse, se hubiera quedado despierta, soportando el dolor de su piel abierta por todos los latigazos en una espalda que estaba completamente teñida de rojo ahora. La habían dejado tirada en el suelo, acostada de lado, tampoco quería moverse. Le habían soltado el cabello, y una esposa, aunque la otra seguía cogiéndola de la muñeca, una muñeca herida y ensangrentada de tirar, tanto ella como ellos (y más estos últimos), aunque también la otra. Su mejilla, sus hombros y parte de su costado o brazos estaban ennegrecidos por los golpes, magullados. Y claramente su espalda estaba totalmente ensangrentada. También su sudor estaba frío, y quizás eso, en el sitio en el que estaba, podría hacerla enfermar. Sin embargo ni pidió clemencia ni derramó una sola lágrima. Y ahora, sus ojos, como los de un animal herido, entrecerrados, se fijaban en cualquier parte del exterior de la celda. Lo cierto es que ni si quiera su respiración era fuerte. No se movió. ¿Para qué iba a hacerlo? Tal y como dijeron los soldados, mañana la juzgarían. No, la condenarían. Y pasado o el día siguiente, la llevarían a la guillotina delante del pueblo. Estaba acabada, y lo sabía. No tenía armas, no podía usar sus poderes. Y estaba sola. Aunque siempre lo estuvo, y nunca le importó. Siempre pensó que si moría, quería morir sin dejar a nadie triste detrás. Ya había visto bastante de eso en el sitio donde se crió desde los 10 años.

***


Kuzram realmente pareció feliz porque la chica aceptara. Aunque lo suyo ni si quiera había sido una pregunta. Todos sabían que desde que un hombre pedía algo, da igual que fuera amablemente, una mujer no podía negarse. Y tampoco se podía esperar otra cosa de la princesa, al fin y al cabo había sido entrenada toda su vida para algo así. En cuanto aceptó y posó la mano encima de la de él, él agarró esta con firmeza, llevando la otra mano tras su cintura, y de ahí, comenzando a bailar al son de la música. Sin olvidar que en esa ocasión, ella y él, eran el espectáculo del que los presentes no iban a quitar ojo ni un solo segundo.

Leylak sentía las miradas de todos los presentes. Además de que, de reojo, podía observar cómo su padre sonreía satisfecho con la situación, y cómo su madre asentía orgullosa de que sus enseñanzas hubiesen dado sus frutos. Verdaderamente, Leylak se veía hermosa en esa situación. Sin embargo sus ojos no demostraban más que preocupación, unos ojos que procuraban no fijarse en su acompañante. No dejaba de darle vueltas a todo lo anterior, ¿Realmente podría llegar a ser alguien estando con alguien como él? Era el prototipo que la sociedad había creado, un machista autoritario y por lo que había visto ayer, oportunista. Leylak no era tonta, y sabía lo mucho que él podía ganar en ese matrimonio concertado. Y aún así…Aún a pesar de que ese parecía ser el único problema por el que preocuparse, no se quitaba de la cabeza que Oscura Niebla se encontraba en los calabozos, y que posiblemente estaría siendo castigada por el noble que llevaba todo ese asunto, y sus dos matones, a quienes conocía pero no había visto en acción. ¿Realmente podría luego ir a al menos conocer la verdad dicha por alguien más que no sea el mismo punto de vista, visto desde dentro de la corte y la nobleza?...

Kuzram frunció el ceño. No entendía a su prometida. ¿Por qué no estaba feliz? Después de todo, nadie podía mirarla tan cerca como lo hacía él ahora, y podía notarlo, aunque Leylak intentara que no se notase. De cualquier manera, tampoco le importaba demasiado, y aun así intentó cambiar de tema, por amabilidad. Él creía que ella se sentiría orgullosa por su "hazaña" de anoche, igual que cualquier chica lo haría. Sería lo normal. Las mujeres en ese tiempo, no hacían "tanto" como hizo Leylak. 


- Ah... Muchas gracias. Sin tu ayuda, princesa, nunca hubiera podido atrapar a esa ladrona. Y ya era hora, comenzaba a creerse una especie de dios...

Leylak escuchó sus palabras, y realmente no le gustó en absoluto. Se sentía culpable, aunque no entendía por qué. ¿No debería estar orgullosa de que Kuzram, incluso siendo como parecía ser, la elogiase por haber hecho algo teniendo en cuenta que era mujer y que no era propio que fuesen útiles para algo? Sonrió, fingida pero dulce, tal y como le habían enseñado, cerrando los ojos incluso. << No quiero ser la causante de la muerte de nadie, sea Oscura Niebla o no >>, y sin embargo, lo que salió de sus labios fue otra cosa.

- Te lo agradezco, aunque sin tu valor y astucia mis palabras habrían resultado del todo inútiles. 

Y para su suerte, la música terminó de sonar, al menos esa canción, dando por finalizado el baile. Ella se separó de él, despacio y elegantemente al fin y al cabo, y con una ligera reverencia digna de una princesa, se excusó.

- Ahora si me disculpas creo que me retiraré, no me encuentro demasiado bien, y será mejor que descanse un poco. 


A Kuzram e daba igual si pensaba otra cosa, pero que Leylak contestara de esa forma significaba que era digna de ser su esposa. Que le habían enseñado los principios que a él le gustaba ver en una mujer. Por eso, feliz, le permitió apartarse cuando esta se sintió mal, y aun así, intentó volver a ser amable. Él también había sido educado después de todo.

- Si quieres, le puedo acompañar...

Leylak negó con la cabeza, de nuevo con suavidad y elegancia. Realmente la habían enseñado a permanecer como una muñeca en todo momento, una muñeca aparentemente perfecta.

- Te lo agradezco, pero subiré ya mismo a mi habitación. Nos veremos mañana. Que descanses, Kuzram. 

Y después de otra reverencia, se giró y se marchó de allí. Le bastó una mirada y una leve sonrisa al rey y a la reina para dar a entender que ya “había cumplido”, y que por hoy se retiraba. Y a su padre le bastó con cerrar los ojos, asentir, y levantarse de su trono para volver a decir algún discurso conmemorativo y victorioso aún en honor y festejo por la victoria de ayer. Leylak, sin embargo, ni siquiera le prestó atención. No tardó en subir las escaleras que daban a su dormitorio, y es más, entró en el mismo. Pero no con la intención de quedarse. Abrió su ropero, su inmenso ropero, y cogió de allí una capa azul oscura que no tardó en pasarse por encima. Esperó entonces, por dentro de la habitación, a que la música volviera a sonar, y los murmullos volviesen a ser superiores, siendo esa la señal de que su padre había terminado de hablar y que todos volvían a centrar su atención en divertirse y en festejar su victoria. Ese momento fue el que aprovechó para, ágil y cubierta con la capa, escabullirse por los pasillos y dirigirse hacia las mazmorras. Tuvo que detenerse un par de veces, esconderse en habitaciones cerradas y ocultarse en los lugares donde las antorchas no llegasen y pudiese permanecer fuera de la vista de cualquier soldado de guardia que pasase por allí. Realmente y a pesar de que Leylak nunca se había saltado las reglas, parecía ser bastante hábil en ello. Quizás porque hasta ahora no había tenido un motivo real para saltarse esas reglas. Y el interés en saber qué y por qué Oscura Niebla hacía ese tipo de cosas la impulsaba a hacer lo que estaba haciendo. Tuvo tiempo de coger un poco de agua de una jarra cerrada que encontró en un pequeño almacén de los soldados de guardia en las mazmorras, y de nuevo escabulléndose, consiguió acercarse hacia la celda…

-…

Abrió de par en par los ojos, e incluso se llevó una de sus manos a los labios, ahogando un grito al ver a Yarek de esa manera. Incluso se le aguaron los ojos por un momento. ¿Por qué? ¿Por qué estaba allí tendida como si fuera un animal? ¿Quién era más animal, ella o quienes le habían hecho eso, fuese por el motivo que fuera? ¿Realmente algún motivo o algún delito justificaban ese trato a otro ser humano? Leylak entrecerró los ojos, ahora más molesta que sorprendida, y aún con la capucha sobre la cabeza se arrodilló delante de la celda, fijando sus morados ojos en ella.

-….Te he traído un poco de agua…

Tampoco sabía muy bien cómo iniciar la conversación. ¿Cómo, si según Kuzram ella era la causante de que Oscura Niebla estuviese allí? De cualquier manera, pasó la jarra entre las rejas, dejándola en el suelo y donde ella podía alcanzarla. 

Para Yarek el tiempo pasaba, y ella ni si quiera le echaba cuenta. Así que no sabía si pasaba rápido o si pasaba lento. Tampoco es que le importase demasiado. Aunque comenzaba a tener frío, a pesar de estar acostumbrada a vivir en malas condiciones. Herida y en un sitio así... Bien no se encontraba. Así que se intentó acurrucar en ella misma, aun con la mirada perdida. Y quien sabe si escuchó los pasos de ella o no, la cosa es que ni si quiera les echó cuenta hasta que escuchó ese grito ahogado. Pero no, no se puso en guardia, y ni si quiera hizo el amago de levantarse. ¿Para qué? En su lugar, escondió su cara en su propio brazo, dejando que sus mechones hicieran el resto del trabajo por camuflar su rostro. No se había dado cuenta de quién era, pero no tenía ganas de hablar con nadie. Después de todo, realmente se sentía como un desperdicio. Moriría en el propio lugar que nació. ¿Quién podría entender su dolor?... Aunque, tras escuchar aquella voz, y aun sin dejar su rostro visible, solo que la fueran las magulladuras y la sangre de todo su cuerpo (que ahora ni si quiera tenia pañuelo en la cara). ¿Agua?... Siguió un rato más de ese modo, incluso pareciendo que se iba a hacer la dormida hasta que se fuera. Que no la quería allí. Que la tenía como culpable... Y aun así... Acabó por moverse. Coger aire, para dejar de respirar por un momento e intentar colocarse sentada, apoyando uno de sus hombros en la rocosa pared del lateral. Sus ojos, entrecerrados, solitarios pero doloridos, tal y como los de un animal, se fijaron solo por un momento en ella, para luego descender la mirada hasta el agua. Hacía más de un día que no bebía... Y se había dejado la voz en gritar antes... Así que frunció un poco el ceño, y aunque al alzar su mano encadenada, dejando a la vista su muñeca herida y ensangrentada, esta estuviese temblorosa, su voz al hablar no lo fue. Es más, pudo parecer incluso seca.

- ...Gracias. 

Y cuando por fin, consiguió alcanzar la jarra, no alcanzaba a cogerlo del todo, así que tiró un poco más de la cadena, entrecerrando sus ojos dolorida porque aquello le hacía más daño, incluso para finalmente conseguir nada. Solo consiguió empujar la jarra y tirarla, que se abrió y se derramó el agua de su interior. Ella apartó su mano, desviando su mirada.

- Lo siento...

Al fin y al cabo, es como si le hubiera menospreciado la ayuda. Aunque eso no era así. De cualquier forma, no podía ser tan débil, y ahora intentó hacerse la dura, frunciendo el ceño, aunque aun con la mirada desviada.

- Deberías irte de aquí. No es un buen lugar.

Leylak la observó, incluso cuando parecía que ella no iba a levantarse, o que simplemente ni siquiera la quería allí. La observó en todo momento, entristeciendo el ceño ahora. Realmente era como si le doliese a sí misma verla así, aunque claro está que ni la milésima parte de lo que le dolería a ella. Pero que estuviese así por su culpa, y que en su propio castillo tratasen así a alguien, sea un bandido o no… Realmente era algo con lo que quería acabar. No dijo nada, ni siquiera cuando se incorporó o cuando, poco después, tiró la jarra. Solo miró el líquido derramarse en el suelo, al mismo tiempo que escuchaba que debería irse de allí. Frunció un poco el ceño al escuchar algo como eso. ¿Irse, para qué? ¿A dónde? Si lo que quería era quedarse sola…Leylak aún tenía algo que decir, aún no podía irse…

-….Lo siento…Perdóname por esto… Si yo no te hubiese distraído esto no habría pasado. Yo no sabía que Kuzram se aprovecharía de la ocasión, ni siquiera sabía…

<< Que me harías caso, y que dejarías de atacar aún cuando supuestamente estabas en el castillo por arrebatárnoslo todo, cuando se suponía que eras mi enemiga >>, pero no dijo algo así. Es más, se quedó en silencio unos segundos, frunciendo el ceño con la mirada apartada ahora, aún con la capucha puesta, ocultando así un poco su melena o su propio rostro.

-…Pero déjame preguntarte una cosa, solo una cosa y te dejaré en paz…. Lo que dijo tu subordinado… ¿Es cierto? ¿Es cierto que hacéis lo que hacéis porque realmente hay gente que lo necesita? Las arcas del imperio tienen un segmento destinado a los barrios bajos para erradicar el hambre y la pobreza del reino… Entonces, ¿Por qué robas? ¿Por qué? ¿No es suficiente con lo que os damos? Habría otros métodos…En ese caso podríais hablar con mi padre y él aumentaría la cantidad…. Pero no tenías por qué llegar tan lejos… No tenías por qué ser la temida Oscura Niebla… 


Se quedó en silencio de nuevo, frunciendo un poco el ceño, volviendo a mirarla. Aunque dijera todo eso, realmente no estaba segura de lo que hacía. De qué hacía allí o por qué hablaba con el mayor enemigo del reino y la aristocracia. Y peor aún, no entendía por qué se sentía tan terriblemente culpable de su estado. Y aunque dijo que solo preguntaría otra cosa…Suspiró, cerrando los ojos un momento, para cuando los volvió a abrir fijarlos directamente en los ojos de ella, como si pretendiese demostrar que realmente ansiaba la respuesta a la pregunta que iba a hacer.

- Y… ¿Por qué me salvaste? No solo de tu subordinado. Podría haberte dado igual… Sino también de ese cuchillo. No soy tonta, y sé que también podría haberme hecho daño a mí. Al igual que sé que podrías simplemente haberlo esquivado sin un rasguño, tu fama te precede. Pero…Aún así decidiste herirte para que el cuchillo no llegase hasta mí. ¿Por qué la Oscura Niebla de la que hablan las historias haría algo como eso?

Yarek se quedó con la mirada desviada, en silencio, solo escuchándose de fondo la madera de las antorchas al quemarse, y las goteras que no paraban de caer entre las rocas frías del techo, haciendo el lugar aun más frío. Sin embargo, en cuenta ella habló, Yarek desvió sus ojos color vino hasta ella de nuevo, escuchándola, mirándole directamente a la cara, atenta incluso. Después de todo, una princesa como Leylak había hecho el esfuerzo de venir a hablar con una ladrona como lo era ella. Y ella, aun a pesar de su condición o situación, no pareció violenta en ningún momento, más bien parecía incluso... ¿Tranquila, serena? Aunque eso no quitaba que las palabras de Leylak la sorprendieron, y mucho. O quizás no tanto. Y mucho menos en esa sociedad machista en la que vivían. ¿Le ocultaban la verdadera información? Era evidente que sí. Incluso hubo un momento donde sintió pena por ella.... Pero luego lo pensó mejor. ¿No era mejor así? Que viviera en la feliz ignorancia, como hasta el momento... Pero realmente dudó en sí debía contárselo o no. En los pros y en los contras de cada decisión. Si se lo contaba, no solo ella sabría lo que ocurría de verdad, si no que… incluso podría hacer algo. Ella creía en la fuerza de Leylak. Aunque... Si no se lo contaba... No tendría porque meterse en esas cosas. Y en el caso de que se rebelase si le diría algo... bueno, no sabiéndolo no tenía esa opción, y por lo tanto no se expondría a ese peligro. Sin embargo, dejó de pensar en todo eso cuando la pelirrosa habló sobre que la salvó... ¿En serio? ¿Cómo se pudo dar cuenta de algo así? ¿Por qué pensaba en algo como eso? ¿Por qué no le era borrosa esa noche, como para cualquier princesa o señorita de la corte sería?... De cualquier manera, Yarek siguió sin apartar la mirada de ella, en silencio, pensativa quizás. Hasta qué suspiró.

- Podrías ser un buen rehén. ¿No?

Decidió ir con respuestas falsas, pero que por quien la tenían, podrían parecer del todo verdaderas. Se echó sobre la pared ahora, apoyando la cabeza en la misma, aunque alzándola hasta arriba, ahora con el ceño fruncido. Su cabello suelto, y sobre todo los mechones que caían por su espalda, rozaban con las heridas de los látigos. Escocía, picaba y dolía. Y a parte... Aunque parecía que no iba a hablar más del tema, se sorprendió a sí misma haciéndolo.

- Esos fondos nunca han llegado a nosotros. Nunca hemos recibido ayuda de nadie. Los bebés nacían muertos por desnutrición de las madres, y las madres también morían en el propio nacimiento. No aguantaban el dolor o el desangramiento. Otros enfermaban de malaria, o de tuberculosis. A veces solo era falta de de comida o agua. Muertes lentas, desesperantes y dolorosas. Princesa.... Realmente la desesperación lleva a cualquier cosa. La fe por mejorar tu entorno. Porque la gente no muera diariamente. Te hace pensar seriamente en convertirte en un bandido, y en luchar por ese propósito, aun sabiendo que puedes morir de un momento a otro, que a la mínima te pueden apresar, con un juicio decidido desde el principio, y luego a la guillotina.

Como era el caso de ella. Sonrió ahora, irónica, cerrando sus ojos, incluso. Aunque aun con el ceño fruncido, dolorida. Sin embargo... Aun con la cabeza apoyada en la pared, ladeó el rostro un poco hacia ella, aun con esa sonrisa irónica, y casi peligrosa, y con sus ojos entrecerrados. Realmente, incluso herida de esa manera, y tan "salvaje" como era, Yarek aun así era realmente hermosa y atractiva. Incluso en su tono de voz.

- Pero... ¿Por qué ibas a creerme? ¿Sabes que hay más del cincuenta por ciento de posibilidades de que te esté mintiendo solo para caerte bien y que me saques de aquí por pena?... Princesa, te dije que no te fiaras de nadie. Y menos de delincuentes.

Leylak abrió de par en par los ojos al escuchar que podría ser un buen rehén. ¿Eso era realmente cierto? Aunque si lo pensaba, tenía su lógica. Al fin y al cabo, ¿Qué mejor rehén que la princesa? Sin embargo, frunció el ceño una vez ella se apoyó en la pared, observándola, a ella y a las heridas. Realmente, aunque sus palabras pareciesen ser las de la Oscura Niebla que hablaban esas historias, nadie se merecía ese trato, ni acabar como un verdadero animal. Sin embargo se quedó en silencio, al menos hasta que escuchó lo que decía…Leylak volvió a abrir de par en par los ojos, observándola. Y quizás aunque intentaba hacerse una imagen de la terrible historia que estaba contando, realmente sus ojos y su mente, acostumbrados a los lujos de palacio y a como máximo salir a los jardines del castillo, era totalmente imposible que se hicieran una imagen cercana. Aún así, si todo aquello era cierto… Si todo aquello era cierto, ¿No podría hacer ella algo para cambiarlo? Aunque no lo entendía. ¿Por qué los reyes no se interesarían en ayudar a los más desfavorecidos? ¿Acaso eso no causaría aún mejor imagen para el pueblo? ¿Un rey y reina benevolentes no serían un rey y una reina amados? ¿Por qué buscarse el odio de los pobres?...... Pero la mirada y la sonrisa de Yerak, diciendo luego que no debía creerse todo lo que le contaban, la hizo permanecer quieta, callada, y mirándola en una mezcla de sorpresa y confusión. Ahora realmente no sabía qué creer, no sabía si decía la verdad, o si solo hacía lo que hacía por avaricia. De cualquier manera, ¿Realmente se merecía la muerte? Leylak frunció el ceño, entrecerrando los ojos en cuanto pudo reaccionar, aunque ni siquiera tenía nada claro. Se acercó algo más a las rejas, apoyando las manos en ella, clavando sus ojos morados en los ojos de ella, casi como si la estuviese desafiando a algo, como si realmente no le asustase que todo aquello no fuese más que una farsa para, como ella misma dijo, darle pena. Y se quedó así unos segundos, en el más profundo silencio y simplemente mirándola a los ojos… Hasta que suspiró, cerrando los suyos, deslizando la mano de las rejas hasta el suelo. Y en cuanto volvió a abrir los ojos, volvió a fijarlos directamente en los suyos.

- … No puedo estar segura de que lo que dices sea cierto o, como tú misma has dicho, una farsa. Pero ahora tampoco puedo estar segura de que lo que me digan Padre y Madre o los nobles de la corte sea la verdad. ¿A quién puedo creer? ¿Quién miente y quién dice la verdad? No me parece que tus ojos estén mintiendo… Pero ni siquiera sé si soy yo la que se equivoca… 

Volvió a suspirar, bajando la cabeza y cubriéndosela así algo más con la capucha. Realmente no sabía qué hacer… E incluso se estaba replanteando el hecho de, corriese peligro o no, soltarla de donde estaba y dejarla libre. Estuviese mintiendo o no, ella le había salvado la vida dos veces, y estaba en deuda con ella. Yarek entrecerró más los ojos, mientras, además de mirarla, la escuchaba. Ahora había borrado del todo su sonrisa, quedándose seria. Notaba su confusión. Pero... Ella no era la indicada para hacer que dejara de estarlo. Así que desvió hacia otro lado la mirada, pensativa ella también. Y decidió darle otro consejo.

- ¿Qué más da quien mienta o no? A veces eso es lo que menos importa. La mentira y la verdad son elementos bastantes moldeables. Lo que importa es lo que tú creas correcto hacer, y más aún, lo que está en tu mano hacer. 

Cerró los ojos, suspirando ahora. Realmente, podría parecer una tipa bastante dura. Pero si era así era por el sitio donde había sido criada. No había tenido más remedio. Sin embargo... Se separó esta vez un poco de la pared, quejándose en voz baja, para mirarla desde un poco más cerca al echarse hacia adelante, apoyándose con una mano en el propio suelo para no perder el equilibrio. Su cabello azabache cayó hacia adelante, y esta vez en sus ojos se reflejó la luz de las antorchas, haciendo estos realmente bellos. Pero eso no era lo que importaba. Yarek frunció el ceño. Como si se adelantara a lo que iba a pasar, o de alguna forma, por su experiencia, tenía el oído más "agudizado", tras ella susurrar un simple....

- Vete.

Se pudo escuchar como a lo lejos se abría una gran puerta de metal, ruidos de pasos metálicos... Venía alguien. Leylak la escuchó y la observó con atención, abriendo solo un poco más de lo normal los ojos al oírla, sorprendida. ¿Lo que ella creía correcto? Lo cierto es que nunca se había parado a pensar del todo qué era lo correcto y qué no lo era. Lo correcto siempre había sido lo que la corte y sus padres creían que era correcto, ella jamás tuvo ni voz ni voto. Y ahora que estaba prometida, e incluso siendo futura reina, posiblemente ni siquiera tendría mucho sentido del bien y el mal más allá de lo que su futuro marido o la corte creyese conveniente. Por ello, incluso ahora, ¿Cómo podría saber qué era lo correcto si no conocía la verdad? De cualquier manera, fijó la mirada en sus ojos color vino, y ahora ni siquiera le parecían tan amenazantes como antes. Realmente le pareció por un instante admirable que una mujer pudiese haber sido capaz de tanto, y que incluso fuese tan bella a pesar de estar herida. De cualquier manera, en cuanto dijo que se fuera, y luego escuchó los pasos de alguien, Leylak se apresuró a levantarse. Realmente estaría en apuros si la veían ahí abajo, y además… El sonido de algo pequeño y metálico cayendo al suelo se escuchó por encima de aquellos pasos, justo en el lugar donde Leylak se encontraba. Y solo por un segundo, desvió su mirada hacia atrás, hacia Oscura Niebla, fijándola en sus ojos, y en silencio, salir luego corriendo, metiéndose en una de las puertas laterales para ocultarse. La llave de la celda había caído sobre el agua que antes Oscura Niebla había derramado sin quererlo. Y aunque no dijera nada, aunque ni siquiera era seguro que se les hubiesen caído sin querer o que las hubiese tirado a propósito, Leylak creía que por una vez, y aunque quizás se equivocase, estaba haciendo lo correcto.

[…]

Aquella puerta resultó llevar a otro pasillo, y aquel pasillo a otro, hasta que realmente Leylak se había perdido sin remedio en las inmensas mazmorras de su propio castillo. No se atrevía a dar la vuelta y volver por donde había venido, porque quizás aquellos soldados guardias estarían aún por allí, y no podía arriesgarse a ser vista. Además, que quizás si Oscura Niebla había conseguido escapar, tampoco quería arriesgarse a nada. Al fin y al cabo seguía siendo su enemiga, ¿No es así? Solo esperaba que pudiese marcharse. Al menos le habría devuelto el favor, su vida por la de ella. Se lo debía, y esperaba que aprovechase esa oportunidad para irse y no volver por allí, arriesgándose a que la condenen a muerte de nuevo. Al menos ahora se sentía en paz consigo misma… Aunque el hecho de estar perdida no fuese para nada algo bueno. 

Yarek escuchó el ruido, pero aun así no quitó su mirada de Leylak, tampoco se movió de posición. Al menos hasta que la princesa se perdió en la oscuridad de más allá. Ahí fue cuando rodó sus ojos color vino hasta el brillo metálico sobre el agua derramada. Pero no mostró ningún gesto de sorpresa, aunque era evidente que sí le sorprendía. ¿Por qué la ayudaba? ¿Se quería buscar un problema? Yarek no quería que Leylak se metiese en problemas... Pero aun así, alargó su mano libre hasta las llaves, recogiéndolas enteramente entre sus dedos para que no hiciera demasiado ruido. Y tras ello, volvió a apoyar su lateral en la pared, agachando la cabeza, tapando su rostro con su flequillo. Como si realmente estuviera sin conocimiento; Los soldados de antes no tardaron en llegar de nuevo. Uno con las llaves de la prisión, al menos una de las copias, y el otro con un cubo de agua. Aunque este último alzó la ceja al ver el jarrón roto en el suelo y el agua derramada.

- No me lo puedo creer... Nosotros, amablemente, venimos a traerte agua y tú ya has bebido antes...

Mientras tanto, el otro abría la portezuela que separaba donde estaba ella y donde estaban ellos. Y ese mismo, dudoso le comentaba a su compañero.

- ¿Pero quién se la habrá dado?....

Y mientras hablaba, se acercaba a la chica, colocándose justo en frente, y mirándola con desdén, casi con molestia al no entender que amigo podría tener en la corte real una ladronzuela como ella. Y sobre todo que "quisiese mentir" al hacerse "la inconsciente". Así que sin más le dio una patada en la rodilla (que la mantenía medio alzada).

- ¡¡Eh, tú!! ¡Sabemos que estás despierta, maldita sea! 

Tampoco esperó a que ella contestara, pues se inclinó hacia adelante para cogerla por el brazo y levantarla, empujándola para que su espalda ya bastante malherida y demasiado ensangrentada chocase contra la piedra maltrecha y fría de la pared. Ella ahogó un quejido seco, echando la cara hacia atrás ahora, apretando algo más sus párpados ya de por sí cerrados. El otro, entre risas, se acercó y le tiró el agua del cubo prácticamente encima. A lo que ella apartó la cara a un lado, incluso arrugando la nariz. Pero no se libraba del frío que le provocó los pequeños ríos de agua por su pecho y vientre, incluso se deslizaban por sus brazos y sus piernas, llevando con ellos suciedad y sangre. Uno de ellos se acercó algo más de la cuenta, quizás queriéndola humillar algo más, paseando su mano por su vientre hacia arriba.... Mala idea. Aunque estaba demasiado herida, estaba suelta de una cadena, y en movimientos rápidos, acabó dándole la vuelta al soldado, y utilizando la única cadena con la que estaba sujeta para colocarla delante del cuello del soldado, amenazando con asfixiarlo allí mismo. Su compañero chasqueó la lengua, cogiendo su lanza y apuntándola con esta.

- ¡Suelta a mi compañero, o si no...!

- ¿..O si no?

Oscura niebla ladeó una sonrisa, tan irónica como siniestra. El soldado, nervioso, la golpeó con el filo de su lanza... Pero no le dio a ella, ni si quiera al soldado, si no que le dio a la cadena, con mucha suerte, rompiéndola. Ahora Oscura Niebla estaba suelta. Aunque aún le quedaba combatir con ellos.

***

- Tsk. 

Se pasaba el reverso de la mano por debajo de la nariz, mientras, bajo sus ojos celestes afilados se notaba un rubor digno de cualquier hombre totalmente bebido. Su corto cabello azabache también estaba más removido que de costumbre. Y ya ni si quiera tenía armadura, solo una camisa larga rojiza y unas mayas negras con sus respectivas botas. Aun así, seguía teniendo en su cinto su sable colgado. Ni si quiera sabía cómo había acabado allí. Quizás, aunque la fiesta ya había terminado, él quería seguir divirtiéndose. Quizás estaba buscando a Oscura Niebla, o simplemente a cualquier preso que si se divertía con él, no le creyeran luego, o simplemente no le importara su testimonio. Sin embargo, lo que encontró fue realmente diferente. Un cabello rosado de una chica que se ocultaba tras un recoveco, mirando hacia la otra dirección, como si se estuviera ocultando de alguien..... ¿Esa era su prometida?... Kuzram frunció el ceño, borrando la distancia que los separaba de dos pasos bruscos, y con rapidez cogerla del brazo.

- ¡¡Eh, Leylak!! ¿Qué demonios haces en un sitio como este?

Leylak realmente se había metido en problemas. Aunque por extraño que parezca, le preocupaba más que la pillasen allí que el hecho de acabar de darle la opción de libertad a la bandida más peligrosa que el reino recordase. De todas formas, estaba demasiado ocupada en darle miles de vueltas a lo que ella había dicho. La verdad y la mentira eran cosas moldeables, ¿Eh? ¿Entonces a quién debía creer? De cualquier manera, ni siquiera tenía la oportunidad de pensar las cosas con una mentalidad distinta a la de siempre. Y aunque no le gustase reconocerlo, hasta ese momento ni siquiera se había preocupado en eso de encontrar “otros puntos de vista”. Para ella la única verdad siempre había sido la de la corte, y realmente era de locos pensar que unos vándalos podían tener otro tipo de verdad, ¿No es así? Cualquiera rechazaría esa idea, son vándalos al fin y al cabo. Y sin embargo allí estaba ella, ocultándose donde podía para procurarse la “salvación” de ser castigada por estar allí. Y sin embargo… Ni siquiera le oyó llegar. Abrió de par en par los ojos en cuanto alguien tiró de su brazo, observando sorprendida y asustada que había sido nada más y nada menos que su futuro prometido quien la había encontrado. Y no solo eso, sino que apestaba a alcohol… Lo que le faltaba. Tal y como la habían enseñado, más le valía no oponer resistencia a su agarre y simplemente estarse quieta, pues con alguien machista una mujer manipulable era una mujer viva.

- … Kuzram…Lo siento. Solo vine a comprobar que todo estaba bien, me preocupaba que Oscura Niebla pudiese haber atacado a los soldados mientras todos estábamos festejando.

Habló con un tono de voz suave y lo más pausado posible, más que nada para intentar parecer convincente, además de que sus gestos eran suaves y delicados, como si verdaderamente estuviese allí por buenas intenciones. Aunque era evidente que si estaba allí era por sus propias buenas intenciones. 
Kuzram la escuchó incluso atento, aunque obviamente la bebida le estaba afectando, y eso se podía ver incluso en sus ojos entrecerrados, como si así intentara visualizarla mejor, además de su ceño fruncido o su boca medio abierta, incluso su nariz arrugada, como si le costara trabajo entenderla. Y eso se pudo notar en que no tardó en exclamar.

- ¿¡Jah!?

Incluso tampoco tardó en zarandearla por el brazo que le había cogido desde antes. Para seguir exclamando, como si quisiera que hasta Dios se enterara, pero por suerte o desgracia allí no había nadie más que ellos dos.

- ¡¿Y tú por qué tienes que venir a mirar nada, mujer?! ¿¡Quien te ha dado ese derecho, eh!? Es más..... Estabas demasiado junta a esa mujer anoche.... ¡No me digas que la querías ayudar! 

Kuzram, aun más enfadado que antes, empujó a su prometida contra la pared, con la fuerza necesaria para tirarla al suelo incluso. Era un hombre realmente fuerte. Aunque también borracho. Y eso se pudo notar con su siguiente movimiento. No tardó en tropezarse con sus propios pies al andar hacia Leylak y caer también, justo en frente de ella. Y ya ahí aprovechó para, estando ambos en el suelo, arrinconarla con sus propios brazos, apoyando estos en la pared, mirándola a los ojos con fijeza. Unos ojos incluso peligrosos... Tampoco mejoró cuando sonrió de medio lado.

- Oh, vamos.... 

Apartó tan solo un brazo de la pared, pasando ahora el reverso de su mano por la mejilla de la chica, para más tarde y casi con brusquedad cogerla por la barbilla, y además de zarandearla, obligarla a que lo mirase.

- ¡Te podría perdonar si tú también me das algo a cambio, princesa! 

Rió bastamente, mientras se inclinaba hacia adelante y buscaba los labios de ella con los suyos propios, besándola forzosamente. Además de que bajó la misma mano con la que le sostenía de la barbilla hasta uno de los pechos de la chica, manoseándolo, y a decir verdad de forma no demasiado delicada, más bien bruta y brusca. Además de que fue tirando de la tela de su vestido para comenzar a desnudarla por esa parte, sin importarle romperle el atuendo. Mientras tanto, llevó su otra mano por la pierna de ella, levantándole el vestido, tampoco de forma delicada, ni si quiera lenta, para llegar lo antes posible a su ropa interior, y desde un lateral de su cadera, agarrarla con sus dedos y tirar para abajo. Ni si quiera parecía importarle si ella se resistía o no quería algo como eso.

Leylak frunció el ceño. Apestaba a alcohol, y en cualquier caso esa no era buena señal. Sabía y de sobra que tendría que andarse con cuidado con sus palabras, y aún así, tampoco sirvió de mucho, pues él ni siquiera había parecido entenderla cuando la zarandeó de esa manera y dijo que no tenía por qué estar allí. Además de que abrió de par en par los ojos cuando dijo que estaba demasiado junta con aquella mujer y que si intentaba ayudarla. Pero de todas formas… ¿Con qué derecho se creía él a hablarle así? ¿Solo porque esa noche ya estuviese decidido que fuesen prometidos ya se creía que podría darle órdenes? Aunque a decir verdad ella ni siquiera replicó. No estaba de acuerdo, pero no podía hacer otra cosa más que seguirle el juego. En esa sociedad y época donde vivían, además de que en la nobleza algo así se acentuaba un poco más, las mujeres debían seguir unos patrones si querían seguir con vida. Se quejó en un grito cuando la empujó contra la pared, cayendo al suelo luego. Y sin embargo, en cuanto abrió los ojos antes cerrados por el golpe ni siquiera tuvo oportunidad de hacer mucho más. Abrió de par en par los ojos al escucharle y al verle en esa posición, además de que estaba arrinconada y tampoco podría escapar tan fácilmente. Lo único que Leylak pudo hacer fue retroceder como pudo, fruncir el ceño y entrecerrar los ojos, además de llevar las manos a los hombros de él para intentar separarse en cuanto él la forzó a besarle. Se quejó también al notar sus bruscas “caricias” y cómo empezaba a desnudarla, a lo que ella se agitó con fuerzas, e incluso le golpeó en el pecho un par de veces con toda la fuerza que la situación y estar donde estaba le permitía. Y realmente no estaba siendo fácil de manipular de todas formas, ni se estaba quieta, ni estaba actuando con la delicadeza supuestamente típica de las princesas. Pero aún así era evidente que él tenía mucha más fuerza que ella.

No, no le dejaba "hacer su trabajo", al menos de buena manera. Y eso, estando borracho, le molestaba el triple. No le hacía gracia, ni si quiera le había permitido que le bajase la ropa interior, al menos no más de un centímetro. Y eso a Kuzram le arrancó un gruñido, antes de separarse de ella, pero no por bastante tiempo, y lo que hizo tampoco fue un gesto agradable. Pues le golpeó con su puño cerrado en la mejilla, cogiéndole parte del labio, incluso haciéndola sangrar del mismo. Y no solo eso, el golpe fue con tanta fuerza que incluso la hizo tumbar hacia el lado donde la golpeó.

- ¡¡Aghh!! ¡¿Quien te crees que eres para resistirte?! ¡Las mujeres solo existís para complacernos a nosotros, los hombres! ¡¿O creías que tú serías diferente, Leylak?! 
Se incorporó mientras le gritaba, colocándose en pie, incluso tropezándose un poco y retrocediendo por lo mismo, de lo bebido que estaba. Aunque no retrocedió por mucho tiempo, ni si quiera mucho, no tardó en darle otro golpe, esta vez con la puntera metálica de su bota a la altura de la boca del estómago.

- ¿¡Crees ser una de esas mujeres especiales y a la que no les gusta los hombres!? ¡¿Has creído algo por ver lo que pudo hacer Oscura Niebla?! ¿¡Sabes lo que has ganado!? ¡Que la torturen hasta su juicio final! 

Escupió a un lado, riéndose bastamente de nuevo, balanceándose con sus propios pies por el estado en el que estaba. Tampoco tardó en llevarse una mano a los labios, limpiándose estos después de escupir.

- Tendrías que besarme los pies, ramera... Es lo que sois todas.... Pero yo te enseñaré a ser mujer, te juro que lo haré... 


Se colocó de cuclillas a su lado, observándola ahora simplemente, mientras respiraba profundamente por la nariz. Ahora incluso parecía serio, y quién sabe si eso era mejor o peor... Alzó una mano con intención de cogerla ahora por el cabello, pero... Una flecha impactó sobre esta. Y él, abrió sus ojos de par en par, levantándose con bastante prisa y observándose la herida de la que comenzaba a brotar sangre con horror, sin dejar de gritar. Antes de verse a nadie, se pudo escuchar una voz, femenina, incluso sensual, pero directa, perseverante, incluso fría.

- ¿Esto es lo que hace mejor a los hombres que a las mujeres?...

Kuzram buscó con la mirada a todos sitios, intentando saber de dónde provenía esa voz. Pero seguro que nunca se imaginó que estuviera de donde realmente creería. En uno de los altos muros que separaba una mazmorra de otra, de pie y totalmente equilibrada se encontraba una mujer. Cabellos y vestimenta negra. Ojos rabiosos y de un carmesí apagado amenazante. Aunque en sus manos caídas sostenía un arco, en su espalda herida no solo cargaba el carcaj del mismo, sino también una lanza. Seguramente fue lo que consiguió en su batalla anterior, aunque obviamente aun seguía bastante malherida, magullada y ensangrentada. Su pelo también seguía suelto y despeinado, y quizás eso le daba una belleza más salvaje. De cualquier manera, lo primero era lo primero, y no iba a dejar que ese canalla hiciera lo que le viniese en gana con Leylak.

Leylak no había tenido tiempo de respirar aliviada en cuanto se levantó, ni siquiera de colocarse bien la ropa, cuando sintió el golpe en su mejilla y labio. Pero esta vez y aunque le había dolido de verdad ni siquiera gritó. Solo ahogó un grito al caer al suelo tumbada debido al golpe, notándose sangrar el labio y el sabor a hierro de su propia sangre, frunciendo el ceño y cerrando los ojos, pero abriéndolos muy despacio después mientras le oía. El segundo golpe la hizo volver a quejarse de nuevo, aunque tampoco en un grito, sino en un quejido ahogado, encogiéndose sobre sí misma y de nuevo cerrando los ojos con fuerza, apretando los párpados y frunciendo el ceño, realmente dolorida. Si la noche anterior su experiencia había sido la primera cercana a la muerte, aquella noche había sido golpeada por primera vez. Y realmente, mientras lo escuchaba, se dio cuenta de la gravedad del asunto. De lo que realmente suponía ser la princesita perfecta de un hombre como ese, de una sociedad machista, de una corte y aristocracia machista y perfeccionista. Toda la noche su mayor preocupación era conocer la verdad de Oscura Niebla, y disculparse por, aún siendo su enemiga, haber sido la culpable de que la capturaran. Pero ahora realmente se había dado cuenta de que sus problemas también eran otros, y ahora, el principal, era salir lo antes posible de esa situación. Pero aunque la hubiesen enseñado desde siempre a bajar la cabeza y a cumplir con lo que se le pedía, simplemente no podía permitir darle lo que él quería que le diese. Sin embargo…

Abrió de par en par los ojos al escuchar su grito de dolor, rodándolos hacia él, observando la flecha de su mano y la sangre que caía desde esta. Se incorporó como pudo, quejándose en voz baja por el golpe en el estómago, abriendo algo más los ojos en cuanto escuchó la voz que ahora le resultaba conocida… Alzó la mirada hacia el muro donde se encontraba, incluso con los labios entreabiertos y ensangrentados por la sorpresa. No se sorprendía porque se hubiese escapado… Se sorprendía porque aún incluso habiendo, suponía, derrotado a los soldados del calabozo que se acercaban, la había salvado una vez más. ¿Pero por qué? Podría haberse ido nada más escaparse... ¿La había buscado o estaba allí de casualidad? De cualquier manera tampoco esperó su respuesta, sino que se levantó, ayudándose de la pared, hasta colocarse de pie para alejarse todo lo que podía de su prometido, mirándole ahora con rabia y los ojos entrecerrados, colocándose la ropa que antes él mismo había intentado quitarle. Abrió los labios para hablar, pero… No solo no había llevado la contraria a nadie en toda su vida, sino que ni siquiera sabía qué decir o qué hacer. La bandida más peligrosa del reino la había salvado de un supuesto prometido perfecto. ¿Qué tenía que hacer? ¿Decir algo? ¿Irse y huir de ambos?...

Kuzram, al verla, primeramente abrió sus ojos de par en par, realmente sorprendido por donde esta estaba apoyada. Y tras esto, miró de reojo como su prometida volvía a incorporarse. Y molesto con todo lo que le rodeaba, gruñó, llevándose la mano justamente a la flecha clavada en su otra mano, y de un bruto tirón arrancársela, haciendo que gotas de sangre saliesen disparadas hacia todos lados. Cosa que ni si quiera impresionó a Oscura Niebla, aunque tal gesto le encogería la barriga a cualquiera. Pero ella ya estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, incluso a peores... Por lo que entrecerró aun más sus ojos rojizos, incluso le comentó.

- Eres despreciable.

Kuzram, al escuchar su comentario, abrió los ojos de par en par. Seguro pensaría que eso era irrazonable, que después de todo, allí, él era el noble y ella la ladrona. En ninguna cabeza cabía que fuese ella quien comentase eso de él, así que incluso decidió contrarrestar el comentario, mostrando su desacuerdo.


- ¡Despreciable eres tú, Oscura Ni-....

No le dio tiempo a decir mucho más. Yarek estaba herida, sí, y bastante, y la sangre de ella también seguía goteando. Pero también era libre ahora, y su molestia no era poca. Así que no tardó en bajarse de un salto del muro, y en dos zancadas llegar a la altura de Kuzram, dando un salto para asestarle una patada en el rostro y con ello tirarlo al suelo. Y con su ceño fruncido y casi cara de malas pulgas, se acercó al joven, subiéndose encima y sentándose sobre su estómago más o menos. No para otra cosa que para darle un puñetazo en el rostro, y otro, y otro, y otro más. No paró hasta que vio sus propios nudillos ensangrentados con la sangre de él(proveniente de los labios y la nariz), que no paraba de removerse para que lo soltara, incluso intentaba pegarle, y quizás lo hizo, incluso arañarle, pero realmente, lo que más le dolió fue que le arañase las heridas totalmente abiertas de los latigazos en su espalda ensangrentada. Lo que le arrancó un quejido seco, levantándose de encima de Kuzram, para ahora, y sin pensárselo, darle una patada en el estómago.

- ¿Qué te parece pagar con la misma moneda de lo que has hecho? 

Y otra patada. Mientras tanto Leylak no hacía mucho más que también mirar con desprecio a Kuzram. No le gustaba, ya desde antes cualquier palabra dirigida hacia él no era más que puro teatro, actuaba como le habían enseñado a actuar, y bajaba la cabeza ante el hecho de que tenía que casarse con él. Y sin embargo, ahora había abandonado cualquier faceta de princesa, y miraba a Kuzram con verdadero desprecio. La había humillado, y se sentía humillada, aunque sabía que de no ser por Oscura Niebla todo aquello habría acabado mucho peor. Alzó la mirada hacia la mujer en cuanto dijo que era despreciable, y relajó un poco el ceño ante eso, ignorando incluso el hecho de que él se arrancase la flecha de la mano, como si toda su atención estuviese fija en la mujer. Realmente tenía muchas agallas, eso era más que evidente. Agallas, y fuerza. Leylak abrió de par en par los ojos al observar cómo saltó de aquella pared y empezó una pelea con Kuzram sin tan siquiera aviso previo. Un golpe, y otro, y otro más…Leylak no supo qué debía hacer. ¿Debía pararla?...Ahora que la miraba sobre Kuzram pudo ver mucho mejor las heridas de su espalda, y eso le hizo fruncir el ceño, casi entristeciéndolo. Realmente los castigos y las torturas no los veía adecuado, no en ese grado, independientemente de quién fuese o qué hubiera hecho la persona castigada. Aunque si lo pensaba....En el fondo, ¿No estaba de acuerdo con que Kuzram se mereciese recibir esos golpes? De cualquier manera, en cuanto escuchó quejarse a Yarek y volver a hablar, entrecerró los ojos de nuevo. Ya estaba bien… Y el sonido metálico de los guardias bajando unas escaleras, a lo lejos, posiblemente buscando a Kuzram, la advirtió de que aquello debía terminar. Corrió hacia Oscura Niebla y la sujetó de los brazos, separándola de un Kuzram herido y borracho en el suelo, aturdido. Leylak abría de par en par los ojos ahora. No estaba segura de qué acababa de pasar, de lo único que estaba segura es  de que de nuevo le debía la vida a Oscura Niebla, aunque ella fuese quien era.

- ¡Vete de aquí, te volverán a capturar y no esperarán a mañana para matarte! 

Y sus palabras dieron a entender que ella pretendía quedarse, y dar la cara por lo que acababa de pasarle a su prometido. 

Lo cierto es que Yarek incluso jadeaba levemente, después de todo, aun estaba realmente herida, casi que desangrada, y aun así esforzándose en que sus golpes le doliesen a ese marrano y no quedarse atrás en la pelea... Aunque más bien era una paliza a Kuzram de su parte. Pero lo cierto es que ya estaba bien, y paró en cuanto Leylak tiró de su brazo, ella rodó sus afilados ojos rojizos hacia los violetas de esta, en silencio, escuchándola, y luego volviendo a rodar sus ojos hacia donde se escuchaban las pisadas metálicas de los posibles soldados. Y tras ello, bajó la mirada, pensativa, aun respirando fuerte, pero esta vez por la nariz.

- ¿Sabes que ocurrirá si tú también te quedas aquí y justo te ven en esta escena? No importará que seas una princesa. También te llevarán a la guillotina.

Y tras decir eso... ¿Se la pudo ver con un gesto apenado al levantar la mirada? Se acercó un poco a ella, alzando una de sus manos, pasando con mucha delicadeza y casi sin tocar, los ensangrentados labios de Leylak. Y con ello, entrecerró aun más su mirada escarlata.

- En esta sociedad, importará más lo que él diga que lo que tú digas.... 

Los soldados se acercaban más y más, pero ella parecía tranquila. Sin embargo, Leylak no se podía imaginar lo que realmente esta estaba pensando y que tampoco tardó en hacer. Con su otra mano, le dio un golpe en la boca del estómago, en ese sitio certero en el que Kuzram le había dado a ella para que perdiese la consciencia, había hecho lo mismo ahora pero con Leylak. Aunque no dejó que se cayera, antes la agarró, mirando de reojo su larga cabellera rosada.

- Lo siento, Leylak. No había otra opción.


Leylak la escuchó, abriendo los ojos de par en par, fijos en los suyos rojizos en cuanto dijo que daba igual que fuese una princesa, que también la llevarían a la guillotina. Y realmente se le hizo un nudo en la garganta, ¿Entonces quién heredaría el trono, Kuzram, aunque aún no se hubiesen casado? De cualquier manera, si pudo abrir algo más los ojos lo hizo en cuanto ella pasó los dedos por sus labios, aunque frunció el ceño un poco. Aún le dolía, pero ni siquiera se había quejado de ello. Realmente y en esas ocasiones, Leylak tampoco parecía del todo la princesa perfecta que todo el mundo quería creer que era. No apartó la mirada de sus ojos en ningún momento, escuchando como luego decía que importaría más la palabra de Kuzram que la suya. Eso la hizo entristecer también el ceño, en parte, porque vio como ella hacía lo mismo. ¿Qué era eso? ¿Realmente esos consejos que le había dado tanto la noche anterior como ella eran los de la asesina famosa ante la que se encontraba? ¿Alguien como ella podría tener buenas intenciones con cualquiera? Aún así, algo la impulsaba a creerla, a pensar que lo que había dicho en la celda era cierto. Pero ahora mismo ni siquiera sabía qué hacer. Nunca había hecho nada más que lo que le ordenaban, ¿Entonces qué debía hacer?...Pero tampoco tuvo mucho tiempo para pensar en cuanto sintió aquel agudo golpe en el estómago. Abrió los ojos de par en par, y poco a poco los fue cerrando, entreabriendo los labios para coger una bocanada de aire que soltó luego muy lentamente, mientras perdía la consciencia. Todo se volvió oscuro, y ni siquiera supo si había caído o no al suelo. Solo recordaba sus últimas palabras, y ni siquiera escuchó ese “lo siento”.

Y al final, solo se pudo ver como Yarek fruncía el ceño, antes de que el tatuaje de su pecho y vientre parpadease con un brillo extraño, y las sombras se volviesen más sólidas, envolviendo a ambas chicas.

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